En México, el problema de internet no es técnico, sino social, pues fuera de las grandes ciudades el acceso a la red no alcanza ni a 50 por ciento de la población, alertó Martín Barragán, autor del libro “Democratización de la tecnología”.
A ello, dijo, se suma que alrededor de 11.1 millones de personas viven sin conectividad por condiciones de alta marginación.
Para Barragán, el dato resume una falla de fondo en la política digital del Gobierno, que no acerca oportunidades y, en cambio, reproduce desigualdad.”La democratización no es conectar poblaciones, sino acercarlas”, sostuvo.
Reducir la brecha digital a cables, antenas y dispositivos, añadió, ha sido un error.
“La conectividad no sirve si no dialoga con la lengua, la cultura, las condiciones sociales y el diseño de políticas públicas. De lo contrario, la tecnología no integra, excluye”, apuntó.
El contraste territorial, explicó, es abismal, pues mientras en urbes como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey más de 80 por ciento de la población tiene acceso a internet, fuera de esos polos urbanos el promedio nacional no roza siquiera el 50 por ciento.
En la práctica, esto deja a millones de personas fuera de educación digital, trámites, servicios de salud y oportunidades laborales, indicó.
Barragán señaló que la brecha va más allá del acceso a dispositivos, pues implica educación tecnológica, regulación, ciberseguridad y políticas públicas sensibles al contexto social.
Advirtió que digitalizar todo sin considerar a los sectores desconectados puede profundizar la exclusión, especialmente entre quienes viven en zonas atendidas por programas como IMSS-Bienestar.
El especialista subrayó que el Estado debe recuperar el control y la rectoría del ecosistema digital, en particular del resguardo de datos públicos y de identidad, hoy aún en gran medida en manos privadas.
Reconoció avances recientes, como la creación de la Agencia de Transformación Digital y nuevas directrices de política pública, pero alertó que el rezago acumulado es profundo y requiere más inversión.
De cara al avance de la inteligencia artificial, Barragán alertó que sin regulación, educación y acompañamiento social, la brecha digital puede ampliarse aún más.
“La meta no es administrar la desigualdad, sino reducirla de forma efectiva, garantizar el derecho a la conectividad como vía para educación, salud, empleo y bienestar, sin que la tecnología se convierta en una nueva forma de exclusión”, indicó el investigador.
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