Un Ciudadano Pensó. Por: Gustavo Tena
Del plato a la boca, se cae la sopa. Si algo he aprendido de la política y, sobre todo, de la geopolítica, es que no debemos dar por concluido ningún suceso o fenómeno. Lo acontecido en Venezuela de ninguna manera se puede considerar un hecho consumado, y mucho menos algo que ya haya definido y afianzado la estrategia estadounidense en el ámbito geopolítico y económico.
En el momento en que me llegaron las imágenes en la madrugada del 3 de enero sobre la operación militar para capturar al presidente venezolano, me llamó particularmente la atención la inacción de las defensas venezolanas ante lo que se informaba como la esperada intervención estadounidense. Las defensas del país sudamericano cuentan entre sus activos con los temidos misiles interceptores tierra-aire rusos S-300, con los que habrían podido detener por completo la supuesta invasión. «Qué extraño», pensé.
No seguí consumiendo la información, ya que en momentos como ese reina la propaganda y la manipulación de los datos.
Me fui a dormir y, ya a media mañana del mismo sábado, eché un nuevo vistazo para ver en qué quedaban las teorías a favor y en contra. Fue entonces cuando me encontré con que habían secuestrado a Maduro y que Donald Trump alardeaba de que, aunque ya tenían la estrategia para abrir el búnker presidencial, la operación fue «tan sorpresiva» que Nicolás Maduro ni siquiera alcanzó a llegar a él.
Bien: primero, las defensas venezolanas no responden al ataque; segundo, lo agarran «desprevenido»; y podría agregar un tercer detalle: ¿dónde está el apoyo prometido por Rusia y China a Venezuela? Se quedaron calladitos, «mirando como el chinito»… literal, y solo emitieron las clásicas «condenas enérgicas», que no sirven absolutamente para nada.
Aquí no hay gato encerrado: hay una manada de gatos encerrados. Si las defensas no se activaron en absoluto, esto indica que hubo traición de primer nivel o un acuerdo para montar una pantomima de extracción exitosa de Nicolás Maduro. Y no hubo respuesta rusa ni china porque sabían y estaban de acuerdo con el teatrito.
Pero la otra pregunta que surge de estas especulaciones lógicas es: ¿Por qué Rusia y China estarían tan tranquilos «entregándole» a Estados Unidos las reservas de petróleo y oro más grandes del planeta, así, nada más?
Curiosamente, Estados Unidos se ha mantenido muy relajado en los temas de Ucrania y Taiwán.
¿Y si las tres potencias acordaron una repartición del mundo?
China se queda con Taiwán, Rusia con Ucrania y EE.UU. con Venezuela. Lo sé, suena muy «jalado», pero hay que considerar que el mundo últimamente se comporta de esa misma manera: no se respetan las leyes ni los organismos internacionales, se aniquila a supuestos criminales sin debidos procesos legales, sin evidencias y sin juicios; solo ejecuciones extrajudiciales.
Donald Trump empezó a presumir de inmediato del genial y preciso secuestro del presidente Nicolás Maduro y a informar que María Corina Machado y su títere Edmundo González no tendrán papel alguno en el país bolivariano, ya que, según Trump, nadie los quiere en Venezuela. Agregó que ya estaban en pláticas con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien «está de acuerdo» en colaborar con Estados Unidos.
Y no había terminado Trump de pronunciar estas palabras cuando Delcy Rodríguez es declarada presidenta interina de Venezuela por el Tribunal Supremo y el Congreso del país, y se pronuncia en pro de la independencia, la soberanía y que no se entregarán a ninguna potencia extranjera las riquezas de Venezuela.
Llama la atención que el equipo de Trump no haya considerado el pequeño detalle de que quitar a Maduro no equivale a borrar el chavismo y que el gobierno de Venezuela seguiría funcionando sin Maduro al frente.
En todo lo sucedido en este maravilloso sábado histórico, el marco legal internacional fue arrojado por la ventana; la Constitución, el Congreso y el Senado de Estados Unidos fueron completamente ignorados por el Ejecutivo; se confirmó que la verdadera naturaleza de las fuerzas armadas estadounidenses es la piratería internacional. Se traicionó a María Corina Machado; vaya, se traicionaron los unos a los otros. Se exhibió la nulidad de la ONU y que la mentira es el lenguaje normal de la geopolítica.
Entonces, de un gran éxito cacareado por Trump, pasamos a que todo les falló: siguen sin el petróleo venezolano y conocemos mejor su naturaleza de manera explícita, por cómo se exhibieron.
¿Sería una trampa de Rusia y China?
«Ándale, Donald, quédate con Venezuela, déjanos Ucrania y Taiwán, no nos vamos a entrometer», y el voraz Trump y su equipo se fueron de hocico.
María Corina Machado, la premio Nobel de la Paz que se creía que iba a ser colocada por los gringos en la presidencia de Venezuela, fue traicionada como ella traicionó a su patria. Junto con ella, también se hunden los premios Nobel. Qué manera de hundir un legado centenario de estos premios en un segundo.
24 horas de demolición hacia el interior del país que Trump quiere hacer grande de nuevo. Al paso que va, lo único que va a hacer grande Trump es la montaña de escombros en que está convirtiendo a los Estados Unidos.
La ineptitud y la arrogancia son su firma y la pesa que tienen atada al cuello y que los arrastra a las profundidades.1CP




