La generación joven ya entendió que el mayor riesgo no es el mundo, sino la política local
POR ING. HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
El 2026 no llega como esperanza: llega como veredicto.
Para los jóvenes sonorenses, este año no es una fecha simbólica sino una prueba de resistencia institucional.
El mundo entra en una fase de fricción permanente —finanzas más caras, cadenas de suministro tensas, guerra tecnológica, reacomodos geopolíticos— y Sonora queda en una posición privilegiada y peligrosa al mismo tiempo. Tiene puertos, aduanas, carreteras, ferrocarril, última milla, población joven y cercanía con el mercado más grande del planeta.
Y aun así puede perder. No por falta de ventajas, sino por exceso de política vieja. Gobernar como archipiélago, con dependencias que no se hablan y liderazgos que se estorban, ya no es ineficiencia: es irresponsabilidad histórica.
Desde abajo, desde la generación joven, la lectura es brutal: en Sonora se sigue confundiendo propaganda con política pública. Se anuncian planes sin ejecución, se presumen cifras sin impacto y se gobierna más para la foto que para el sistema.
El nearshoring no es una bendición automática; es una competencia despiadada entre territorios que ofrecen certidumbre, velocidad y coordinación.
En un entorno donde el riesgo global aumenta, los proyectos no esperan ni perdonan.
Exigen energía continua, seguridad real, permisos ágiles e infraestructura funcionando. Sonora no compite contra discursos: compite contra estados y países que ya entendieron que el tiempo es el nuevo capital. La inteligencia artificial acelera la cuenta regresiva.
Para esta generación, la IA no es un tema de conferencias: es poder productivo y capacidad estatal. Puede multiplicar la eficiencia en manufactura, logística, salud, educación, seguridad y recaudación. O puede profundizar desigualdades si el gobierno llega tarde, mal o dividido.
La OCDE advierte un crecimiento limitado para México en 2026 y presiones sobre exportaciones.
Traducido: el margen de error es mínimo.
La oportunidad existe, pero sólo se captura con cinco capacidades concretas: energía confiable y competitiva, infraestructura logística integrada, seguridad en corredores productivos, estado de derecho con permisología inteligente y capital humano preparado para la nueva economía.
La implementación fracasa cuando las dependencias no comparten información, cuando las secretarías compiten por presupuesto en lugar de resultados, cuando los cargos se asignan por lealtad y no por competencia, cuando las malas noticias se esconden para no incomodar al poder. Eso no es técnico: es político.
Sonora no necesita adivinos ni discursos épicos. Necesita instituciones que funcionen y liderazgos que no le tengan miedo al talento ni a la evidencia. El 2026 no será indulgente.
El futuro no se negocia. Se construye. Y el reloj ya está corriendo.




