La cuesta de enero sigue siendo un golpe directo al bolsillo de los hogares mexicanos. En el arranque de 2026, seis de cada 10 personas atribuyen la presión económica de inicio de año a los gastos realizados en diciembre, principalmente en regalos y cenas de fin de año, de acuerdo con una encuesta de Research Land.
El sondeo muestra que, además del gasto decembrino, la cuesta de enero también está asociada a una mala administración del aguinaldo o bonos, factor señalado por 19% de los encuestados. Otro 13% indicó no haber recibido esta prestación o haberla percibido en menor proporción que en años anteriores, mientras que 8% apuntó a las compras realizadas durante El Buen Fin como una de las causas del desajuste financiero.
Para la firma de investigación de mercados de Grupo UPAX estos resultados confirman que la cuesta de enero no es solo una percepción cultural, sino un fenómeno económico recurrente que impacta de manera directa en la estabilidad financiera de los hogares.
“Estos resultados reflejan una tensión estructural entre ingresos, hábitos y precios. La cuesta de enero ocurre en un momento en el que los hogares llegan a diciembre con márgenes financieros muy reducidos y enfrentan un arranque de año con precios que no regresan a niveles previos, especialmente en alimentos, transporte y servicios”, explicó Pablo Levy, Director General de Research Land.
El entorno macroeconómico también pesa en la percepción de los consumidores. El Banco de México estimó que la inflación para el primer trimestre del año se ubicará entre 3.5 y 3.7%. Sin embargo, los incrementos acumulados en productos básicos hacen que una parte relevante de la población perciba que su dinero rinde menos al iniciar el año.
Esta sensación se refleja en las respuestas del sondeo. El 41% de los participantes reconoció haber gastado más de lo que debía; 24% señaló que el aumento de precios por inflación fue el principal factor que afectó su presupuesto; el 19% atribuyó la presión a una combinación de gasto excesivo y encarecimiento de productos, y el 16% dijo que ya arrastraba deudas desde antes de diciembre.
“Si bien la inflación promedio puede dar señales de estabilidad, el consumidor no compra promedios; compra alimentos, paga transporte y servicios que siguen siendo más caros que hace dos o tres años. Eso genera una sensación de ahogo financiero que se manifiesta con mayor fuerza después de un periodo de alto consumo como diciembre”, agregó Levy.
En materia de planeación financiera, los resultados son mixtos. El 38% de los encuestados afirmó haber hecho un plan que sí le funcionó, mientras que el 32% no realizó ninguna planeación y fue gastando conforme surgieron las necesidades. Otro 20% diseñó un programa, pero no lo siguió del todo, y el 10% reconoció no haber respetado sus objetivos o haber recurrido al crédito como principal herramienta para enfrentar los gastos.
La presión económica tampoco se disipa de inmediato. Aunque el 49% considera que sus dificultades financieras se concentran únicamente en enero, uno de cada cuatro anticipa que se extenderán hasta febrero o incluso marzo, y 15% prevé que al menos llegarán a la primera quincena de febrero.
Sobre el papel de las autoridades y las instituciones financieras, la opinión está dividida. El 44% considera que la cuesta de enero es principalmente una responsabilidad individual; no obstante, también existe una expectativa de acciones estructurales, como un mayor control de precios en productos básicos con 24%, el fortalecimiento de la educación financiera con 17% y mejores condiciones crediticias en periodos de alta presión económica con 15%.
“Este fenómeno no se resuelve únicamente con disciplina individual. Los datos muestran que hay una demanda social por más información y educación financiera, así como por condiciones económicas que no castiguen de forma desproporcionada a los hogares al inicio del año”, concluyó Levy.
www.eluniversal.com.mx




