Por Ing. Héctor Castro Gallegos
En Sonora no hay amnesia política, aunque el poder apueste a ella.
La elección de 2026 llega después de años de gobiernos que prometieron transformación, orden o modernidad… y entregaron más de lo mismo. Unos dijeron ser el cambio; otros, la experiencia.
Al final, todos administraron el mismo modelo: concentración del poder, simulación institucional y abandono del futuro. Los sonorenses —sobre todo los jóvenes— ya los vieron gobernar. Ya escucharon sus discursos, ya midieron sus resultados y ya pagaron el costo.
Por eso hoy las campañas anticipadas suenan huecas. Porque quienes hablan de “segunda oportunidad” son los mismos que desperdiciaron la primera.
Porque quienes ahora prometen corregir, ayer tuvieron el poder para hacerlo y no lo hicieron. La política en Sonora se volvió un ciclo vicioso: gobiernos que heredan problemas que ellos mismos crearon, y oposiciones que critican lo que toleraron cuando les tocó mandar.
Cambian los colores, no las prácticas. Cambian los slogans, no las decisiones de fondo. Y mientras tanto, la juventud carga con las consecuencias.
Empleo precario, vivienda imposible, violencia normalizada, crisis ambiental ignorada. Todo eso ocurrió bajo gobiernos que hoy buscan volver, reciclarse o imponer sucesores.
No fue un accidente. Fue resultado de decisiones tomadas —y de decisiones evitadas— por quienes ya pasaron por el poder. La juventud lo tiene claro: no se trata de promesas nuevas, sino de historiales viejos.
Por eso 2026 no es una elección más.
Es un juicio político generacional. Los jóvenes no están preguntando “¿qué ofrecen?”, sino “¿qué hicieron cuando pudieron?”. Y esa pregunta incomoda, porque no se responde con spots ni con discursos emotivos. Se responde con hechos. Y los hechos pesan.
Ante esto, el sistema reacciona como siempre: pide paciencia, llama a la prudencia y acusa de radicalismo a quien no acepta seguir esperando.
Pero la juventud ya entendió que la paciencia ha sido el mejor aliado del abuso y que la prudencia, en política, suele ser la excusa de los cobardes. Sonora 2026 no va a decidir entre proyectos distintos del mismo sistema. Va a decidir si seguimos premiando el fracaso con cargos públicos o si, por fin, abrimos paso a una ruptura ética y generacional.
Porque hay algo que el poder debería asumir de una vez: no se puede gobernar el futuro con las manos manchadas del pasado.




