POR ING. HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Constantemente se repite que la política es cosa de adultos. Que los niños no opinan.
Que los jóvenes no entienden. Que los adolescentes exageran. Y que los adultos ya se resignaron. Pero hoy, frente al nacimiento de un nuevo partido que promete ser distinto, queremos hablar nosotros. No como militantes. No como clientes electorales. Como generación completa.
Cada vez que surge una nueva bandera política nos piden esperanza.
Nos dicen que ahora sí será diferente.
Que ahora sí escucharán.
Pero nosotros hemos crecido viendo cómo las promesas se vuelven discurso, el discurso se vuelve campaña y la campaña se vuelve silencio.
Los niños preguntan por qué las escuelas se caen a pedazos mientras los políticos estrenan oficinas.
Los adolescentes se preguntan por qué la violencia se volvió paisaje cotidiano. Los jóvenes cuestionan por qué estudiar ya no garantiza futuro. Y los adultos se preguntan cuándo la política dejó de servir para proteger y comenzó a servir para competir por el poder.
Si este nuevo partido dice representar a la ciudadanía, entonces debe empezar por algo elemental: dejar de tratarnos como cifras.
No somos el “padrón juvenil”. No somos el “segmento emergente”. No somos el “voto blando”. Somos personas que sienten la precariedad, la inseguridad, la ansiedad climática y la falta de oportunidades en carne viva. Queremos propuestas claras sobre educación, salud mental, empleo digno, medio ambiente y seguridad real.
No queremos discursos contra alguien; queremos proyectos a favor de algo. No queremos más confrontación teatral, queremos soluciones estructurales. La generación que viene no está atrapada en etiquetas ideológicas rígidas. Nos importa menos la izquierda o la derecha y más la coherencia.
Menos el pasado glorificado y más el futuro posible. Si este partido quiere ser diferente, que lo demuestre abriendo espacios reales de decisión, no solo foros simbólicos. Porque la democracia no se salva fundando siglas nuevas; se salva construyendo confianza.
Y la confianza no nace del marketing, sino de la congruencia. Somos niños que crecerán bajo las decisiones que tomen hoy. Somos adolescentes que heredarán las deudas ambientales.
Somos jóvenes que cargarán el peso económico. Somos adultos que no queremos volver a equivocarnos. Si “Somos México” significa algo, debería empezar por escuchar a quienes todavía no tienen micrófono pero sí tienen futuro. Porque no somos botín electoral. Somos la generación que ya no está dispuesta a aplaudir sin exigir.




