Por David Parra
La conversión de la marea rosa a Somos México puede interpretarse como la inevitable traducción política de una frustración derivada de una pesada realidad estructural: la inviabilidad competitiva de las organizaciones ciudadanas frente a un sistema de partidos que monopoliza reglas, tiempos y arbitrajes. En otras palabras, cuando la calle no alcanza, aparece la necesidad de poder siglar en la boleta.
La llamada Marea Rosa demostró que existe un segmento social capaz de movilizarse con intensidad. Llenó plazas, articuló narrativa y puso una presión tal al régimen de López, que provocó medidas rallanas en la desesperación, como el hiper endeudamiento internacional, la escalada del mega huachicol con buques y mayores concesiones al crimen, todo ello para contrarrestar la energía desplegada por una potente organización emergente de la sociedad civil.
Pero también exhibió su límite: el modelo electoral mexicano no premia la plaza pública, premia la estructura partidista. Ahí es donde el impulso ciudadano se estrella contra la partidocracia.
En ese punto emerge Somos México como intento de síntesis de toda esa energía que se tradujera en un 46% de voto opositor por la vía de los partidos de la alianza opositora. No es la continuación pura del movimiento, sino su catalizador potencial: el vehículo que busca convertir capital simbólico en capital electoral en un ambiente electoral dominado por la partidocracia. Al frente de este proyecto están los mismos promotores de la constitución de la marea rosa, como Claudio X. González Guajardo y Gustavo de Hoyos Walther, representantes de un liderazgo empresarial con discurso humanista que, desde el poder, han sido sistemáticamente estigmatizados como élite conspirativa, buscando deslegitimar cualquier intento de organización autónoma fuera del oficialismo impulsada por ciudadanos mexicanos que tienen derecho pleno para organizar a la sociedad, tal como en su momento lo ejerciera López y sus cercanos con morena.
Los intentos de contención han sido visibles. Desde el discurso político que desacredita la movilización ciudadana, hasta los obstáculos administrativos en procesos de registro, pasando por la presión mediática y la descalificación sistemática. No es un fenómeno nuevo: basta recordar la negativa que enfrentó el proyecto partidista impulsado por Felipe Calderón Hinojosa, México Libre, que fue frenado por el Consejo General del INE anterior bajo argumentos muy forzados de financiamiento irregular que tenían que ver con un cheque por una cantidad de risa. El precedente es claro: el sistema puede cerrarse cuando percibe amenaza y para eso utiliza al INE como instrumento propio al colocar en él representantes casi propios.
Por eso resulta, cuando menos llamativo, que en esta ocasión el INE haya permitido que Somos México continúe su ruta de registro desestimando el día de ayer una insustancial táctica fraudulenta orquestada por morena para sabotear la integración de las asambleas distritales realizadas por SomosMx duplicando afiliaciones con documentación apócrifa, buscando provocar una revisión personalizada materialmente imposible de realizar antes del vencimiento del plazo de verificación, ante lo cual el INE acaso no tuvo más alternativa que así sancionarlo y optar por verificar de manera documental con originales que si presento SMx.
No es una victoria definitiva, el proceso sigue en revisión, pero sí es un indicio de que el árbitro, aun bajo subordinación, no puede bloquear abiertamente todos los intentos por parte de organizaciones opositoras al régimen al que sin lugar a dudas se debe, sin resultar aún más exhibido.
En este contexto, Somos México se posiciona como algo más que un nuevo partido en formación. Puede convertirse en puerto de arribo para cuadros desplazados de la oposición tradicional y simpatizantes de entre los propios partidos decepcionados del estado de cosas o la inviabilidad de esas organizaciones, particularmente del PAN y del PRI, así como en un espacio de reorganización para sectores ciudadanos que ya no encuentran representación. El riesgo, por supuesto, es evidente: que termine siendo percibido como reciclaje político antes que como alternativa, como ocurre con Morena o Movimiento Ciudadano, integrados en su origen y dirigidos a nivel nacional y local por ex priistas principalmente.
El reto de fondo sigue intacto. Traducir movilización en votos exige lo que la Marea Rosa no tuvo tiempo para construir: territorio, estructura y organización electoral con profesionalización para un proyecto propio. Sin eso, cualquier capital simbólico se diluye en el primer corte de resultados ante los vicios y mañas de las dirigencias partidistas que gracias a esto lograron sobrevivir un proceso electoral más.
En Sonora, ese desafío es aún más pronunciado. A diferencia de otras entidades con mayor densidad urbana y tradición de organización civil, las posibilidades reales de Somos México son, por ahora, limitadas. Su presencia se concentra en nichos urbanos principalmente Hermosillo y carece de arraigo territorial profundo, de organización viable y en algunas de sus expresiones, de independencia de personajes que representan al pasado que operan detrás de liderazgos artificiales, pero como en todo proceso de conformación, después vienen las cribas y los descaros.
Sin estructura en colonias, sin operadores en campo y sin liderazgos locales consolidados, su impacto inmediato sería marginal, pero potencialmente prometedor.
En sistemas políticos tensionados, los proyectos aparentemente débiles pueden convertirse en actores bisagra o en plataformas de reacomodo. Más que competir de inmediato por el poder, Somos México podría jugar un papel en la reconfiguración de la oposición con una apuesta de futuro de mediano a corto plazo.
Al final de día, la ecuación es por demás elocuente: La Marea Rosa probó que hay energía social. Somos México intenta organizarla y capitalizarla. Pero entre ambas cosas existe un filtro implacable, un sistema electoral mexicano cada vez menos funcional para los fines que fue creado y más operativo como muro de contención de lo que al régimen no le conviene o le incomoda. Aún no cae el out 27, seguro habrá sorpresas.
Bytheway
… Con una sentida disculpa, hago fé de erratas de un tiro loco que se me soltó ayer, donde le cambié el puesto a Fernando Rojo de la Vega, prometedora figura sonorense, actual titular de la SEDESON, por lo que, así como ayer el INE con SomosMx, hago lo propio y corrijo la plana para no verme tan mal, por mal que pueda estar.
… Los que no paran de exhibir a su atribulado padre consentidor, protector y encubridor, son los hijos de López cobrador. Lujos machuchones, excentricidades orientales, audios reveladores, tranzas de grandes ligas y vacaciones VIP consuetudinarias y consecutivas. Pobre hombre, tan bueno que era… para hacer fortuna con 200 pesos en la billetera.
… El que anda vuelto una tarabilla que no habíamos visto en los recientes cuatro años es el gober Durazo. Ya inaugura andadores turísticos, anuncia planes hídricos, pueblea y ranchea por todo el estado entregando obras chiquitas, medianas y grandes acompañado por un séquito de posibles candidatos a lo que resulte. Así lo anticipamos hace meses para bien del estado y celebramos que nos haya leído nuestro reloaded tío poncho 2.0. (seguramente, como si no fuera de librito)… En estas y hasta si.
… Pero ahí no para el recuento, ahora por el lado del ayuntamiento de Hermosillo, donde también ya tenemos una Flor Ayala 2.0 que decidió ponerle sabor al caldo de entre los posibles nominados como candidatos a continuar con su legado, por el presidente municipal de la ciudad solar, dolor de cabeza de más de cuatro, Toño Astiazarán. Sin duda una mujer competitiva y capaz, que en la teoría de una alianza que Gildardo Real ha sostenido como imposible, hace lo propio en la teoría de una eventual alianza, la tesorera municipal priista anda soltando amarras y se lanza con toño… ¿Será?
Por lo pronto desearles unas felices vacaciones de semana santa, regresamos para la diabla. Pórtense aceptablemente mal, porque bien es de dudarse… Cuídense y cuiden a los suyos.
@dparra001




