POR ING HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
En México no falta diagnóstico.
Falta valor.
Que maravilla poder correr todavía 10 km por las calles sorteando el tráfico porque el poder lleva años vendiendo la misma receta: más fuerza, más control, más discurso.
Y el resultado está a la vista: más violencia, más miedo, más jóvenes atrapados entre el abandono y el crimen.
No es error.
Es comodidad.
Porque prevenir no da aplausos inmediatos.
Transformar no genera titulares.
Y al poder le interesa más administrar el caos que resolverlo.
Aquí está la verdad que incomoda: la inseguridad no empieza con el delito, empieza cuando el sistema deja solos a millones.
Empieza cuando un joven tiene más acceso a la calle que a una oportunidad.
Empieza cuando el Estado decide no estar.
Y mientras tanto,los campos deportivos se pudren. Sí, los campos deportivos.
Esos espacios que el poder desprecia porque no caben en su narrativa de control.
Pero ahí está la clave que no quieren aceptar: el cerebro no es estático, se moldea. La ciencia lo ha demostrado. La conducta se entrena, la disciplina se construye, el autocontrol se desarrolla.
Eso significa algo brutal en términos políticos: la violencia también se previene. Un joven que entrena no solo ocupa su tiempo. Reconfigura su forma de decidir, fortalece su control, reduce su impulsividad. Eso no es discurso, es evidencia. Pero claro, eso desmonta el negocio del miedo.
Porque un ciudadano formado no es manipulable. Un joven con disciplina no es fácil de controlar. Una comunidad activa no necesita salvadores. Y eso al poder le incomoda.
Por eso es más fácil llenar las calles de operativos que de oportunidades. Más rentable sostener el problema que resolverlo. Más conveniente un país cansado que uno organizado.
Mientras tanto, avanzan la Depresión, la Diabetes tipo 2 y la violencia como normalidad. Tres caras del mismo abandono. No es falta de dinero. Es falta de decisión. No es incapacidad. Es cálculo político. Invertir en deporte es apostar por ciudadanos, no por clientelas. Es construir desde abajo lo que el poder intenta imponer desde arriba.
Y ahí está el verdadero conflicto: una sociedad fuerte no necesita tutela. Por eso los campos deportivos vacíos no son casualidad. Son estrategia. Menos balas. Más campos deportivos




