Bárbara García
En casi dos millones de hogares, al menos una persona adulta sufrió hambre porque comió solo una vez al día o pasó el día entero sin probar alimentos por falta de dinero, de acuerdo con la última Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
La cifra representa el 27.9 por ciento de los 7.2 millones de hogares donde se registraron dificultades para acceder a alimentos o restricciones en la alimentación de personas adultas.
Es decir, en tres de cada diez hogares mexicanos un adulto pasó hambre, pero también hay niñas, niños y adolescentes que se quedan sin comer por la falta de recursos de sus familias.
De los 3.8 millones de hogares con menores de edad donde hubo dificultades para acceder a alimentos o restricciones en la alimentación de personas adultas, el 55.1 por ciento reportó que los menores comieron alimentos de muy poca variedad.
En ese mismo grupo, el 37.7 por ciento señaló que los menores comieron menos de lo que debían consumir. Por separado, el 36.9 por ciento indicó que se redujo la cantidad servida en sus comidas. Ambas situaciones pudieron presentarse en un mismo hogar.
El 17.4 por ciento de esos hogares reportó que al menos una persona menor de edad comió solo una vez al día o dejó de comer durante todo un día por falta de dinero o recursos. Otro 19.2 por ciento señaló que algún menor se acostó con hambre.
Cuando el dinero obliga a reducir las comidas
Para dimensionar el costo de alimentarse, el Inegi calculó que en agosto de 2026 la canasta alimentaria costaba 2 mil 562.58 pesos mensuales por persona en zonas urbanas y mil 910.78 pesos en zonas rurales.
Si se multiplica el costo urbano por cuatro integrantes, una familia necesitaría alrededor de 10 mil 250 pesos al mes para cubrir esa canasta. El salario mínimo general de 2026 equivale a unos 9 mil 582 pesos mensuales: en un hogar con ese único ingreso faltarían aproximadamente 668 pesos solo para alimentos, antes de pagar renta, transporte o servicios.
La comida sube más que la inflación
En las ciudades, la canasta alimentaria costaba en agosto de 2026 un 4.5 por ciento más que un año antes, mientras que los precios de los productos y servicios en general aumentaron 3.3 por ciento. En las zonas rurales, el alza de la canasta fue de 3.2 por ciento.
Las comidas fuera de casa, la cebolla y la papa fueron los rubros que más contribuyeron a su encarecimiento anual.
El problema también aparece al mirar los ingresos de las familias. Entre abril y junio de 2026, el 31.9 por ciento de la población vivía en hogares donde el ingreso del trabajo, dividido entre sus integrantes, no alcanzaba para comprar la canasta alimentaria correspondiente a cada persona, según el indicador de pobreza laboral del Inegi.
La próxima actualización del costo de la canasta alimentaria está prevista para el 13 de octubre. Las cifras de la Encuesta Intercensal muestran lo que algunas familias reportaron cuando el presupuesto para comida no alcanzó: reducir lo que se sirve, comer una sola vez al día o pasar todo un día sin alimentos.




