POR ING. HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
El desarrollo económico de una nación no puede medirse únicamente por cuánto produce o cuánto crece su economía.
La verdadera pregunta es qué sucede con las personas cuando ese crecimiento llega a las comunidades. El siglo XXI exige construir una economía que genere riqueza, pero que también distribuya oportunidades.
La realidad política de México nos obliga a superar una vieja disyuntiva: crecimiento económico o justicia social.
El verdadero desafío consiste en construir un modelo donde ambos objetivos se fortalezcan mutuamente.
Una economía sana debe crear empleos dignos, impulsar empresas, elevar la productividad y ampliar las oportunidades para quienes históricamente han tenido menos posibilidades. La inteligencia artificial y la automatización transformarán profundamente el trabajo.
Algunas actividades desaparecerán, otras serán modificadas y surgirán nuevas profesiones.
Frente a esta transición, México necesitará políticas de capacitación permanente que permitan a las personas adaptarse sin quedar excluidas.
Los jóvenes tendrán una responsabilidad especial. Ellos deberán demostrar que innovación y solidaridad no son conceptos opuestos.
Una nueva generación de emprendedores puede crear empresas competitivas que, al mismo tiempo, generen soluciones para problemas sociales, ambientales y comunitarios.
El servicio público del futuro tendrá que medir el éxito económico de una manera más amplia: no solamente por inversiones y crecimiento, sino también por movilidad social, calidad del empleo, acceso a oportunidades y bienestar de las familias.
México puede construir una economía donde el talento de una persona no quede determinado por el lugar donde nació.
Para lograrlo, será necesario unir educación, innovación, infraestructura, financiamiento y políticas públicas inteligentes.
La prosperidad verdadera no consiste en que unos pocos tengan más, sino en que cada generación encuentre mayores posibilidades para desarrollar su potencial.
Pensamiento para la juventud: El progreso económico alcanza su verdadera grandeza cuando la riqueza que una sociedad crea se transforma en oportunidades, dignidad y esperanza para quienes todavía están esperando una posibilidad




