POR ING. HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Se equivocan si creen que seguimos comprando discursos vacíos.
La discusión en torno a María Eugenia Campos no solo trata de una posible irregularidad: es el reflejo de algo más profundo, más incómodo para el poder.
Una generación que ya no traga entero.
Hoy, los jóvenes no dependemos de una sola narrativa. Contrastamos, verificamos, analizamos. Sabemos que acusar de “traición a la patria” sin pruebas es irresponsable, pero también entendemos que ocultar información o minimizar hechos es igual de grave.
Y justo ahí es donde fallan todos: gobierno, oposición y partidos.
Si hubo intervención de agencias como la CIA o la DEA sin claridad institucional, es inaceptable. Pero si no la hubo, también es inaceptable que se utilice el miedo y el nacionalismo como herramienta electoral.
Porque eso es lo que estamos viendo: política de oportunismo, no de principios.
Durante años, desde Felipe Calderón hasta hoy, la relación con Estados Unidos ha estado marcada por acuerdos de seguridad que muchos aplaudieron en su momento y hoy critican según les convenga.
Hipocresía pura.
Cambian el discurso dependiendo del color del gobierno en turno, pero el fondo sigue igual: decisiones opacas y ciudadanos a oscuras.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha repetido que la relación debe ser de coordinación y no de subordinación. Perfecto. Entonces que se demuestre. Porque las frases no bastan cuando lo que está en juego es la soberanía.
Y mientras tanto, en pleno tiempo electoral, los partidos hacen lo que mejor saben: desinformar.
Construyen relatos a modo, exageran, ocultan, manipulan. Nos hablan como si no tuviéramos acceso a datos, como si no supiéramos distinguir entre evidencia y propaganda.
Pero se les olvida algo esencial: esta generación creció con internet, con inteligencia artificial, con herramientas que desenmascaran mentiras en segundos. No somos apáticos, somos exigentes. No somos indiferentes, estamos hartos.
Queremos respuestas claras: ¿Qué pasó realmente en Chihuahua? ¿Quién autorizó qué? ¿Dónde están los documentos?
Y si hay responsables, que enfrenten la ley.
Pero si no los hay, que también se exponga a quienes intentaron fabricar culpables para ganar votos.
Este no es un mensaje para un partido, es para todos: dejen de subestimar a la ciudadanía. Dejen de usar la mentira como estrategia.
Porque el verdadero riesgo para México ya no es solo la injerencia externa. Es la descomposición interna de una clase política que sigue creyendo que puede engañar a un país que ya despertó.




