POR ING HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
México está entrando al futuro con una contradicción brutal: tenemos jóvenes capaces de crear imágenes con inteligencia artificial, automatizar tareas y aprender programación desde un celular, pero al mismo tiempo millones de estudiantes no comprenden un texto complejo, no saben argumentar una idea propia y viven atrapados en un modelo educativo que parece diseñado para otro siglo.
La tragedia no es tecnológica. Es intelectual.
Durante años nos vendieron la idea de que poner computadoras en las escuelas era modernizar la educación.
Después llegaron las tablets, las plataformas digitales y ahora la inteligencia artificial.
Pero el problema nunca fue la falta de herramientas; el problema ha sido la ausencia de pensamiento crítico. Un país no se vuelve desarrollado porque sus jóvenes sepan usar aplicaciones.
Se vuelve desarrollado cuando sus ciudadanos saben pensar, analizar, cuestionar y crear conocimiento. Hoy muchos adolescentes pueden pedirle a una inteligencia artificial que redacte una tarea en segundos, pero no pueden defender oralmente las ideas que esa tarea contiene. Pueden generar imágenes futuristas, pero no entienden procesos históricos básicos.
Saben consumir información a velocidad extrema, pero no distinguir entre verdad, propaganda o manipulación digital. Y eso es peligrosísimo. La nueva revolución tecnológica está premiando a quienes saben aprender de manera autónoma.
La inteligencia artificial no vino a reemplazar solamente empleos manuales; vino a exhibir las enormes debilidades educativas de países como México.
Porque mientras otras naciones forman ingenieros, científicos y desarrolladores de alto nivel, aquí seguimos discutiendo si las escuelas tienen suficientes ventiladores o si los estudiantes deben memorizar contenidos sin comprenderlos.
La generación joven no es menos inteligente.
De hecho, probablemente sea la generación con más acceso al conocimiento en toda la historia humana.
El problema es que crecieron en un sistema que priorizó la inmediatez sobre la profundidad.
Las redes sociales redujeron la capacidad de concentración, la política convirtió la educación en un campo ideológico y muchas familias dejaron la formación intelectual en manos de internet. Sin embargo, aquí también existe una oportunidad histórica.
Miles de jóvenes mexicanos están aprendiendo por su cuenta sobre inteligencia artificial, programación, edición digital, robótica y negocios tecnológicos. Muchos ya entienden herramientas que ni siquiera dominan algunos profesores universitarios.
Ahí existe un potencial enorme.
Pero ese talento necesita dirección, disciplina y educación real. Porque la inteligencia artificial puede ayudarte a escribir un ensayo, pero no puede darte criterio.
Puede darte información, pero no sabiduría. Puede acelerar el aprendizaje, pero jamás sustituirá la capacidad humana de pensar con profundidad.




