
Suelte el cuerpo, bullanguera lectora, rocanrolero lector; deje de lado las tribulaciones propias de la temporada electrizante cuyo guion se está escribiendo allende la frontera norte; serene el alma como si fuera Rocha Moya antes de que los gringos le pusieran una diana en la espalda y la UIF le congelara las cuentas.
Sosiéguese como si fuera Maru Campos antes de que le agarraran los dedos con la puerta que de par en par le abrió a la CIA, hoy con dos agentes menos, pero un chingo de razones más para mantener en México sus furtivas operaciones no propiamente de evangelización y sí de redescubiertas intenciones injerencistas a través de los métodos más ortodoxos para desestabilizar gobiernos en cualquier parte del mundo.
Relájese. Asuma que no está en la lista de “Los 10 de Sinaloa” ni en ninguna otra, incluyendo la de receptores de divisas en bajos montos provenientes de EEUU, sobre las que el Departamento del Tesoro endurecerá la fiscalización a raíz de una nueva orden ejecutiva de Donald Trump para seguir la huella de los dolaritos que, asegura, podrían ser lavados y planchados en esas transferencias que además, podrían estar financiando acciones terroristas, todo esto, claro, desde la esquizofrenia y la paranoia de un presidente norteamericano desesperado por recuperar algunos puntos en su maltrecha popularidad.
Sonría, como si fuera la presidenta Claudia Sheinbaum bateando todas las ‘bobitas’ que tienen a bien lanzarle los youtuberos del Bienestar para sacar de foco el sobrecalentamiento de la agenda bilateral, y también el de la doméstica, donde ya no siente lo duro, sino lo tupido, con tantos y tantas bárbaras que hicieron origami con la Cartilla Moral, y un cucurucho con los principios de la 4T que a la letra rezan: “no robar, no mentir, no traicionar al pueblo”.
En fin, dispóngase para el solaz y el desprendimiento de las mortificaciones, porque al fin y al cabo usted no es Raúl Castro, que a sus 94 años (¡94 años!) es la nueva pieza de caza del gobierno gringo al que se le enredó la piola en Ucrania y se le reventó el barzón en Irán, poniendo ahora los ojos en Cuba para reivindicarse con el voto del exilio cubano en Miami, y del anticomunismo post guerra fría que sigue vendiendo bien no solo en la punta de la pirámide financiera de la aldea global, sino hasta en los sectores más depauperados del capitalismo global.
Como ni usted ni yo estamos en esos casos, y sí en el de los inopinados habitantes de esta ciudad que acaba de colgar los sombreros y guardar las botas picudas después de levantar polvareda en la ExpoGan desmadrando el presupuesto familiar, sacándole filo a las tarjetas de crédito y empeñando la tele que se sacaron en la rifa de la posada, pues es hora de sacar fuerzas de la flaqueza para seguir enfiestados.
Y cómo no, si este jueves, sí, hoy, comienza la edición 2026 de las Fiestas del Pitic, un maratón de cuatro días para celebrar que Hermosillo cumple 326 años de su fundación, lo cual es históricamente relevante pero caguameramente secundario si se considera que en el ajetreo de estos días muy pocos estarán averiguando sobre la pimería alta, pero muchos más se llevarán su silla plegable para asegurar lugares lo más cercanos posibles a los escenarios de los conciertos que, sin demérito de otras ediciones amenazan con superarlas.
Y es que la cartelera está de lujo. No hablo de las multitudinarias y apoteósicas concentraciones que se registrarán en las conferencias, exposiciones, presentaciones de libros, obras de teatro, conversatorios y rutas del arte, porque es bien sabido que el ‘Sonora bronco y culto’ se vuelca a lo largo de estos días en la búsqueda del reencuentro con sus raíces y el minucioso escudriñamiento de los vestigios primigenios de su ser.
Hablo más bien de lo que sucederá por las noches, cuando cierren las jornadas espectáculos que pocas veces se ven en Hermosillo, y menos si es de columpio.
Por ejemplo hoy, cerrará la noche el grupo Maná, ese señero exponente del rock nacional (y aquí es cuando me dan ‘pamba con picahielo’ toda la comunidad rockera porque Maná viene siendo algo así como “Los Caminantes” en el mundo de la cumbia y sin embargo, apuesto tronchado a que en el concierto se verán metaleros de viejo cuño y punketas irredentos cargando en hombros a sus nietos soltando alguna lagrimita furtiva al recordar la triste historia de la loca de San Blas o rememorando aquella vez que se quedaron clavados en un bar: “¿Dónde estás bendita? ¿Dónde te has metido? Abre un poco el corazón, déjame amarte, corazón, ven y sácame de este bar”…
Los mismos, y otros más radicales estarán mañana viernes exigiendo a todo pulmón ese cántico estridente a la coyuntura de efervescente nacionalismo que, mutatis mutandis, llevó a mi compa Joel Verdugo a corear a todo pulmón, durante una marcha de solidaridad con El Salvador en aquellos lejanos finales de los 80, la consigna: “¡Fuera Yankis de Nueva York!”.
Y es que a las ocho estará presentándose Molotov, en ese surrealista momento en que la presidenta inauguró el programa Frijol del Bienestar, diciendo que los mexicanos somos frijoleros y que si se combina frijol con arroz, hagan de cuenta que están comiendo carne, en cuanto al contenido proteico de esa combinación.
Don’t call me gringo, you fuckin’ beaner
Stay on your side of that goddamn river
Don’t call me gringo, you beaner
No me digas beaner, Mr. Puñetero
Te sacaré un susto por racista y culero
No me llames frijolero, pinche gringo puñetero
Ya entraditos en la noche, a las diez, cierra la jornada nada menos que Alex Lora y El TRI, concierto que nadie quiere perderse porque, parafraseando a Adela Micha, “ya no tarda en morirse, ¿eh?”.
No malinterpreten. Alex Lora, como el rocanrol, no morirá jamás, pero sí hay que ir para no perderse al Mike Jagger mexica y repasar los éxitos que sacudieron cuerpos y conciencias décadas atrás, o romantizaron, musicalizándola, la vida urbana del Distrito Federal, incluyendo “Metro Balderas”, que no es de su autoría, sino de Rokdrigo González, un genio que merecía mejor suerte y no la de morir por una sobredosis de cemento. (chiste de humor negro solo para nostálgicos de aquel auge del rock mexicano).
Sábado y domingo están reservados para Carlos Rivera y Grupo Frontera, respectivamente, que con toda seguridad convocarán a miles de fans, y no dudo que uno que otro rockero se aparezca por ahí como clandestino consumidor del regional mexicano, la balada romántica y el mariachi.
Chingón que la autoridades municipales y estatales hayan hecho un armisticio en estos días y se pusieron de acuerdo para facilitar las cosas en la logística de este evento que convoca a multitudes.
Desde el ayuntamiento se pondrá a disposición del público las unidades del H-Bus para el traslado gratuito de los asistentes a las Fiestas, pero desde el gobierno del estado se abrieron rutas del transporte urbano en horarios inusuales para que todo mundo tenga la manera de regresar a casa bien bailado, bien cantado y sin gastar un peso en esa vuelta.
Listos pues, para estos cuatro días. A ver si alcanza la condición física, o para ver si es momento de dosificar la fiesta.
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