POR ING.HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Mientras el mundo discute inteligencia artificial, soberanía digital y guerras tecnológicas, México sigue atrapado en una política del siglo pasado.
Nuestros gobernantes continúan debatiendo con discursos viejos, atrapados entre propaganda, improvisación y luchas partidistas, mientras la revolución tecnológica más importante de la historia avanza sin esperar a nadie.
Lo más grave es que gran parte de la juventud tampoco está preparada académicamente para enfrentarla.
Miles de jóvenes mexicanos consumen tecnología todos los días, pero muy pocos entienden cómo funciona realmente. Somos usuarios, no creadores.
Dependemos de plataformas extranjeras, algoritmos extranjeros y corporaciones extranjeras que conocen mejor a nuestra sociedad que nuestros propios gobiernos. Mientras países desarrollan científicos, programadores y expertos en inteligencia artificial, aquí seguimos formando generaciones enteras bajo sistemas educativos atrasados, burocráticos y desconectados del futuro.
La advertencia ya fue planteada desde la Iglesia católica.
En Laudato si’, Papa Francisco denunció el paradigma tecnocrático que convierte al ser humano en una pieza del mercado y del control digital. Hoy, las nuevas reflexiones impulsadas desde el Vaticano sobre inteligencia artificial advierten algo todavía más inquietante: quien controle los datos y los algoritmos controlará también la política, la economía y hasta la libertad de los pueblos.
México no está listo para esa batalla. No existe una estrategia nacional sólida sobre inteligencia artificial, ética digital o soberanía tecnológica. Nuestros políticos apenas comprenden las redes sociales, mientras el mundo entra a una era donde los algoritmos decidirán empleos, vigilancia, educación y seguridad.
La nueva rebeldía juvenil no debería ser solamente protestar en redes sociales, sino prepararse intelectualmente.
Estudiar ciencia, filosofía, ética y tecnología. Porque el futuro no será dominado por quien grite más fuerte, sino por quien comprenda cómo funciona el poder invisible de los algoritmos. Aferrarse a la humanidad, al pensamiento crítico y a la dignidad humana será el verdadero acto revolucionario de nuestra generación




