POR ING HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Mientras la política latinoamericana debate entre izquierdas y derechas, existe una transformación mucho más profunda que avanza a una velocidad vertiginosa: la revolución tecnológica impulsada por la inteligencia artificial, la automatización, la robótica y el análisis masivo de datos.
Sin embargo, la educación parece seguir atrapada en esquemas diseñados para un mundo que ya no existe.
El neurocientífico Diego Redolar Ripoll ha señalado que las nuevas generaciones poseen capacidades de aprendizaje extraordinarias cuando se les proporcionan los estímulos adecuados. La neurociencia moderna demuestra que el cerebro humano tiene una enorme plasticidad y que los jóvenes están preparados para enfrentar desafíos intelectuales mucho más complejos de los que tradicionalmente les asigna el sistema educativo.
El problema no son los estudiantes. El problema es que la escuela sigue formando para el siglo XX mientras la economía global compite en el siglo XXI.
México continúa arrastrando un déficit de ingenieros, científicos, matemáticos, especialistas en datos, expertos en ciberseguridad y profesionales de alta tecnología.
Cada año se habla de nearshoring, semiconductores e inteligencia artificial, pero pocas veces se aborda la verdadera raíz del desafío: la formación del talento.
La competencia global ya no se libra únicamente en los mercados o en los campos diplomáticos.
Se libra en las aulas, en los laboratorios y en los centros de investigación. Los países que liderarán el futuro serán aquellos capaces de multiplicar exponencialmente su capital humano especializado.
México necesita una reforma educativa orientada a la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. No dentro de veinte años, sino ahora.
La inteligencia artificial está redefiniendo industrias enteras y las empresas buscan perfiles que el sistema educativo aún produce en cantidades insuficientes.
La pregunta es incómoda pero inevitable: ¿seguiremos preparando jóvenes para empleos que desaparecerán o comenzaremos a formar a los ingenieros, científicos e innovadores que construirán el país de las próximas décadas?
El futuro ya llegó. La educación mexicana todavía parece no haber recibido la noticia.




