Por David Parra
En Sonora ya empezó la temporada de destapes anticipados, señales cruzadas y aspiraciones apenas disfrazadas. En Morena y sus aliados, la elección 2027 todavía está lejos en el calendario, pero demasiado cerca en la ansiedad de quienes se sienten con méritos, padrinos, territorio o suerte suficiente para levantar la mano.
En medio de ese ruido, Octavio Almada Palafox ha optado por no alterar su entorno y enfocarse en su actual responsabilidad que bien puede sostener por cuatro años más sin despeinarse ni acelerarse.
Mientras quienes hoy aspiran más que lo que respiran andan quemando huarache, el delegado federal del Bienestar en Sonora ha construido otra narrativa: la del funcionario que recorre, opera, entrega, escucha y evita asumirse como aspirante.
Desde la Delegación del Bienestar, por Almada pasa buena parte de la relación directa entre el gobierno federal y miles de familias sonorenses. Ahí están los adultos mayores, las mujeres de 60 a 64 años, las personas con discapacidad, los estudiantes, las becas, los padrones, las tarjetas, los módulos, las jornadas y una maquinaria territorial que llega donde muchas veces no llega ni el discurso del municipio ni la promesa del gobierno estatal.
En 2025, los programas sociales federales dispersaron alrededor de 20 mil millones de pesos entre más de 600 mil sonorenses. Ese dato, por sí mismo, explica por qué cualquier delegado del Bienestar está condenado a ser leído políticamente, aunque jure que sólo anda trabajando.
La política social no sólo reparte recursos. También construye presencia, lealtades, reconocimiento y una forma cotidiana de relación entre ciudadanía y poder.
Por eso, cuando Almada dice que no está pensando en candidaturas, en realidad las candidaturas están pensando en él y eso es un asunto de cuidado. El territorio, la estructura, y las lealtades que concentra deben ser en este momento el target principal para quienes desde otras posiciones no tienen algo de la dimensión que representa lo que Octavio concentra.
Durante su participación en la mesa Libre Expresión del salón Flamingo del Hotel Voco, sede de nuestro contertulio semanal, Almada fue reiterativo en un punto: su responsabilidad actual no está al servicio de un proyecto personal, sino de una tarea institucional dentro del segundo piso de la cuarta transformación. Se dijo concentrado en llevar el mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum a todos los rincones de Sonora, en cumplir con la encomienda federal y en no cruzar esa línea siempre delgada entre el servidor público que atiende y el político que promueve.
Una línea es delgada, ciertamente también bastante transitada.
En Sonora sobran ejemplos de funcionarios que descubren su “vocación de servicio” justo cuando se acerca el proceso electoral. Empiezan saludando de más, recorriendo de más, publicando de más, sonriendo de más y, sobre todo, negando de más. Por eso llama la atención que Almada no sobreactúe. Su estilo es directo, atento, más barrio que ceremonioso, tal vez por sentirse cómodo con varios amigos hasta de infancia que ahí estaban. No parece urgido por caer bien ni por vender entusiasmo triunfalista, más bien complacido por lo que hoy representa y la oportunidad de ver a los ojos a muchas personas que le hacen sentir que su labor marca diferencia, mientras cuenta anécdotas y vivencias de su interacción con adultos mayores y otros igual de vagos que el propio delegado.
El contraste con la etapa anterior de la Delegación del Bienestar apareció inevitablemente en la conversación. Jorge Taddei Bringas dejó una percepción de todo lo contrario a lo que este personaje puede presumir, además de su insaciable ambición, soberbia y gandallez. Frente a eso, Almada ha intentado proyectar una delegación más territorial, más visible, más activa, más cercana y hasta donde se sabe, libre de la voracidad del apellido Taddei que trasciende al propio ex delegado. No necesita decirse demasiado para que el contraste se entienda.
Almada viene de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca y llegó a la Delegación del Bienestar al inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum. Desde entonces, según explicó, ya va por una nueva vuelta al estado, recorriendo municipios, levantando inquietudes, llevando solicitudes a las instancias correspondientes y coordinándose con el gobierno de Alfonso Durazo.
Su relación con Durazo parece institucionalmente tersa. Dijo mantener buena comunicación con el gobernador y su equipo. En un Morena donde las corrientes, afectos, agravios y expectativas se cruzan todos los días, lograr esa coordinación no es detalle menor. Menos aun cuando el 2027 empieza a ordenar silenciosamente lealtades y distancias. Menos con el antecedente del propio Taddei que vendía la patente del agua tibia frente a un gobernador poco tolerante a la soberbia.
Almada también dijo tener buena relación con quienes ya aparecen en la ruta interna por la coordinación de la defensa de la cuarta transformación en Sonora. No se confrontó con nadie, no se descartó con estridencia y no se subió al ring. Prefirió colocarse en una zona menos riesgosa: la del operador que trabaja y espera, o, mejor dicho: la del operador que no espera nada, salvo que otros crean que eventualmente podría esperar algo. Así funciona esto.
El propio Almada reconoció que no se manda solo. Esa frase, en política, dice más de lo que parece. Significa disciplina, jerarquía, lealtad y entendimiento de que las decisiones mayores no siempre se construyen desde abajo, sino desde donde se reparten las bendiciones.
Por eso su negativa a hablar de aspiraciones no clausura nada. Más bien ordena el mensaje: no es momento, no es prudente, no es necesario.
Ante la insistencia, recurrió a una frase atribuida a Álvaro Obregón: los niños dicen lo que hacen, los viejitos lo que hicieron y los pendejos lo que quieren ser. La soltó en tono cordial, pero con filo suficiente para dejar una definición: quien anda diciendo desde ahorita lo que quiere ser, quizá está mostrando más ansiedad que proyecto.
Y ahí la pedrada no necesita destinatario para hacer ruido.
El delegado prefirió hablar de números. De los cerca de 380 mil adultos mayores que reciben pensión. De las 80 mil mujeres de entre 60 y 64 años. De las 40 mil personas con discapacidad. De las becas Rita Zetina. De la credencialización para avanzar hacia el Servicio Universal de Salud. Del impacto regional que tienen los apoyos cuando se gastan en las propias comunidades.
Ese es el corazón de su argumento: los programas sociales no son dádiva, sino piso de bienestar y motor económico local, lo cual es cierto. La oposición dirá otra cosa. Dirá clientelismo, dependencia, uso electoral de recursos públicos. Morena responderá que son derechos constitucionales, justicia social y redistribución directa. La verdad política está a la vista y tampoco es como que una novedad, la diferencia es la intensidad, pero al final del día, pan con lo mismo.
Lo relevante es que Almada parece entender ese riesgo. Por eso insiste en que su trabajo debe hacerse de manera auténtica, sin convertir cada recorrido en acto de campaña ni cada beneficiario en potencial estructura. Sabe que la línea entre operación institucional y promoción personal puede borrarse con facilidad. Y sabe también que en la 4T, donde los programas sociales son bandera, legado y músculo territorial, cualquier descuido puede tener costo político.
Octavio Almada no salió de Libre Expresión como candidato. Tampoco como descartado. Salió como algo políticamente más interesante: un funcionario con territorio, cargo estratégico, lealtad federal, buena relación estatal y discurso de prudencia. En tiempos de acelerados eso constituye una ventaja, dejando una sensación de que, para efetos de los intereses del régimen en Sonora, tienen en bienestar una muy buena carta de presentación y operación.
ByTheWay
… El dato de los 20 mil millones de pesos dispersados en Sonora por los programas sociales federales no debe pasar como simple cifra administrativa. En términos políticos, económicos y territoriales, ese flujo de recursos representa una de las palancas más fuertes de presencia federal en el estado. Donde antes llegaba el gestor, ahora llega la tarjeta. La perfección no existe, como bien admite Almada, pero el margen de error se reduce considerablemente.
… El que tampoco se duerme en sus laureles viendo los truenos, es el presidente municipal de la ciudad solar, el Toño Astiazarán, quien, para efectos de contribuir para la solución de la incapacidad de CFE para transmitir y distribuir la energía eléctrica en Hermosillo, ha puesto a disposición de la artrítica paraestatal los terrenos que, para efectos de construcción de nuevas subestaciones, las que se necesiten, para resolver este problema austericida que no debió ocurrir.
Y no conforme con eso, todavía invita a la perrada futbolera a una tardeada mundialista en el foro Rosales, jugada de doble efecto con la que, no sólo armará un programa familiar previo al partido de México contra England, con la instalación de una mega pantalla con su mega sonido en el ahora conocido como Foro Rosales, intersección entre el Rosales y el transversal de esta ciudad, sino montará un dispositivo de seguridad para controlar a la turba que suele tomar por asalto ese neurálgico punto, con lo que reducirá los riesgos de seguridad que acarrea el desenfreno de no pocos acelerados que aprovechan la confusión para cometer actos violentos. Eso es darle la vuelta, sí señor.
… Nacho Peinado, dirigente de la aguerrida y generosa organización hermosillense, la Unión de Usuarios, le levanta la falda a la CFE informando que son de 80 a 100 reportes diarios de apagones en la ciudad inteligente. Si eso no es una crisis, pues entonces wow.
… Otro que anda valiendo pispiote granulado es el genuflexo goldo, Marcelo Ebrard, quien más raspadas no puede tener las rodillas con tanta chinquechada acumulada ante un gobierno de estados unidos que, pese a las insulsas arengas presidenciales, decir que nos trae de piñata, es poco. Ahora seremos sometidos a revisión anual para sostener el tratado de libre comercio, donde ya hay quienes apuntan que la dignidad a la mexicana ya no es de cuarta, sino de a cuatro… No le entendí a eso.
… Con toda impunidad y desfachatez, Omar del Valle Colosio, sexto emergente pasajero del tren de la presunta defensa de la trastornación, táctica extralegal de posicionamiento y aceitamiento de estructura electorera, para no variarle con su vocación para ir de paracaidista y por donde caiga en los procesos electoreros, convocó a conferencia de prensa para dejar patente histórico de lo conchudo que puede llegar a ser un advenedizo que no puede presumir un solo resultado de su paso por la administración estatal, pese al currículo que presume como gutiérritos de escritorio multipartidista. Mientras Célida López renunció a SAGARPA, Dolores del Río pidió licencia a la Contraloría y Froylán Gámez a la SEC, Don concho del Valle sale con que él nomás nones. ¿Piso parejo decían? Tengan “paquesentretengan” chairines de cepa que presumen prosapia y raigambre, hay niveles pelaos.
@dparra001




