POR ING. HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
La mayor crisis de la política mexicana no es la falta de respuestas, sino la ausencia de preguntas.
Cuando un gobierno cree saberlo todo y una oposición cree tener siempre la razón, la democracia deja de ser un espacio de aprendizaje para convertirse en un escenario de consignas.
México necesita recuperar una virtud olvidada: la curiosidad política. Gobernar no consiste únicamente en administrar recursos o ganar elecciones; significa comprender una sociedad que cambia con velocidad.
Hoy los jóvenes viven en un entorno moldeado por la inteligencia artificial, la información inmediata y la interacción digital permanente. Pretender entender sus aspiraciones con categorías del siglo pasado conduce inevitablemente al fracaso de las políticas públicas.
La neurociencia ofrece una enseñanza extraordinaria.
El cerebro joven responde con intensidad a la novedad, al descubrimiento y al propósito. La curiosidad activa circuitos neuronales relacionados con el aprendizaje, la memoria y la motivación.
Cuando las instituciones solo ofrecen burocracia, discursos repetitivos y participación simbólica, el cerebro interpreta que ese espacio carece de significado y simplemente se desconecta.
Por ello, la verdadera política humanista debe dejar de preguntar únicamente qué necesitan los jóvenes y comenzar a preguntar qué pueden construir junto con ellos. Existe una diferencia ética enorme entre gobernar para una generación y gobernar con ella.
El servicio público del futuro no requerirá únicamente administradores eficientes, sino líderes intelectualmente humildes, capaces de escuchar antes de decidir, de experimentar antes de imponer y de rectificar antes que justificar.
La evidencia científica demuestra que las sociedades que aprenden son más resilientes que aquellas que solo obedecen.
México necesita menos políticos convencidos de tener todas las respuestas y más servidores públicos dispuestos a formular las preguntas correctas. Porque el progreso comienza cuando la política abandona la soberbia y recupera la curiosidad.

