POR ING.HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Una nación progresa cuando el talento vale más que la recomendación, cuando el esfuerzo supera al privilegio y cuando el mérito abre las puertas del servicio público.
Ese debe ser el nuevo compromiso de la juventud mexicana.
La realidad política de México ha demostrado que el amiguismo, el favoritismo y las cuotas debilitan a las instituciones. Cuando los cargos se entregan por cercanía y no por capacidad, pierde el gobierno, pierde la sociedad y pierde el futuro del país.
El siglo XXI exige una administración pública integrada por mujeres y hombres preparados, capaces de comprender la inteligencia artificial, el análisis de datos, la economía, el derecho, la ingeniería y las necesidades humanas.
El conocimiento debe convertirse en el principal requisito para servir a México.
Pero el mérito no puede medirse únicamente por títulos académicos. También se demuestra con disciplina, honestidad, vocación de servicio y la capacidad de trabajar en equipo. La inteligencia sin integridad produce servidores públicos brillantes, pero peligrosos.
La ética convierte ese conocimiento en bienestar para todos. Los jóvenes tienen la oportunidad de impulsar una nueva cultura política donde cada responsabilidad se gane con trabajo, preparación y resultados. Ese cambio fortalecerá la confianza ciudadana y hará que las instituciones respondan con mayor eficiencia a los desafíos nacionales.
México necesita un servicio público donde la excelencia sea una obligación y no una excepción. Solo así podremos construir un Estado moderno, competitivo y profundamente humano. Pensamiento para la juventud: El futuro de México no debe heredarse por influencia; debe conquistarse con mérito.
Cuando el talento y la ética caminan juntos, ninguna nación tiene límites para alcanzar su grandeza.




