Mtro. Jesús Antonio García Ramírez Politólogo
1. Consideraciones previas
La discusión pública en Sonora está atrapada en la sucesión. Se habla de perfiles, de lealtades y de equilibrios. Sin embargo, la pregunta de fondo no es quién llega, sino para qué llega y con qué arquitectura de Estado va a gobernar.
Sonora ya no es el estado de la abundancia federal que repartía obra y subsidio. Es el estado de la complejidad: minerales estratégicos sin agua, crecimiento industrial sin energía suficiente, puerto sin ferrocarril, crecimiento urbano sin planeación hídrica, hospitales sin medicamentos, escuelas sin conectividad y universidades sin vinculación productiva. El modelo que funcionó para administrar la abundancia no sirve para gobernar la complejidad.
En ese contexto, es pertinente observar que la mayoría de los discursos que hoy circulan, con independencia de su buena intención, carecen de proyecto real. Se nota con claridad la presencia del marketing político por encima de la propuesta programática. Se comunica bien, pero se proyecta poco. Se promete mucho, pero no se explica el cómo, el con quién y el con qué.
Como plantea Maristella Svampa, el neoextractivismo no es solo extraer minerales, es extraer futuro si no hay un modelo que lo procese con justicia territorial y social. Sonora está justo en ese punto de inflexión.
2. A manera de reflexión
El próximo ciclo no será de construcción, será de gestión de límites. Y gestionar límites exige un cambio de paradigma.
El modelo heredado pensó el Estado como ventanilla. El ciudadano pide y el Estado da o niega. Esa lógica creó una sociedad de usuarios, no de partícipes. El resultado está a la vista: cada demanda se vuelve fila, cada derecho se vuelve trámite, cada solución se vuelve concesión.
Este agotamiento se observa en todas las áreas sustantivas. En salud, el modelo heredado fragmentó el sistema entre instituciones que no se coordinan y convirtió el acceso en peregrinaje. No faltan solo médicos, falta un modelo de atención territorial y preventiva. En educación, se expandió la cobertura, pero se precarizó el contenido. Tenemos jóvenes con certificado, pero sin habilidades para la nueva economía del conocimiento y del cuidado. En seguridad, se apostó a la reacción y no a la prevención social. En agua y en movilidad, se privilegió la concesión por encima de la gestión comunitaria del bien común.
Superar ese modelo no es un tema ideológico, es un tema de viabilidad. Como sostiene Boaventura de Sousa Santos, no hay futuro para un Estado que tiene todas las respuestas técnicas pero ninguna capacidad de construir legitimidad social. Sonora tiene planes de desarrollo muy bien escritos y muy poca capacidad de ejecutarlos con la gente.
El reto de 2027 es transitar de tres lógicas agotadas a tres lógicas nuevas, pero ampliadas a todo el entramado social.
Primero, de la lógica de la obra visible a la lógica de la infraestructura invisible. Ya no es el puente o el edificio lo que define el desarrollo, es el acuífero recargado, la red de cuidados para adultos mayores y primera infancia, el sistema de salud preventiva en el barrio, la escuela con conectividad real, el sistema de transporte que no se ve, pero sostiene la vida diaria. El desarrollo no es lo que se inaugura, es lo que se sostiene.
Segundo, de la lógica del polo de desarrollo único a la lógica del federalismo sonorense. Hermosillo no puede seguir pensando por Cajeme, Guaymas, Nogales, San Luis Río Colorado o la Sierra. Cada región es un modelo productivo, cultural y educativo distinto que exige autonomía de gestión, presupuesto y decisión. No solo delegación administrativa, sino reconocimiento de vocaciones regionales. La salud en la sierra no es la misma que en la frontera, la educación en el Mayo no es la misma que en el desierto.
Tercero, de la lógica del ciudadano beneficiario a la lógica de la comunidad gestora. Verónica Gago lo plantea con claridad: la potencia hoy está en lo comunitario que resuelve donde el Estado ventanilla ya no alcanza. El agua no se resolverá solo con una planta, se resolverá con gestión comunitaria de cuencas. La educación no se resolverá solo con tabletas, se resolverá con comunidades de aprendizaje vinculadas al territorio. La seguridad no se resolverá solo con patrullas, se resolverá con comunidad que reconstruye tejido y cuidado.
Este tránsito implica pasar del Estado que promete resolver todo solo, al Estado que convoca a resolver juntos. Esa es la superación del modelo heredado. No es marketing, es método.
3. Consideraciones finales
Sonora 2027 no se juega en una boleta, se juega en una idea de Estado.
Si seguimos discutiendo solo nombres, tendremos alternancia sin alternativa. Cambiará quien se sienta en la silla, pero no cambiará la forma de gobernar. Y el marketing político, por eficaz que sea en campaña, no sustituye al proyecto.
La tarea ecuánime y retadora no es señalar qué falló, es proponer qué sigue. Y lo que sigue, como propone Raúl Zibechi, no se decreta desde arriba, se teje desde abajo, con inteligencias territoriales que ya existen en los barrios, en los campos, en los pueblos originarios, en las cooperativas, en los colectivos de maestras y de personal de salud.
El modelo heredado administró la abundancia repartiendo apoyos y obras. El modelo que viene tendrá que administrar la complejidad compartiendo poder, decisiones, cuidados, conocimiento y salud. Esa es la única forma de que Sonora no solo crezca, sino que permanezca.
De la alternancia de personas a la superación de modelo. De la promesa del eslogan al proyecto enseñable. Ese es el reto.




