Mtro. Jesús Antonio García Ramírez. Politólogo
- Consideraciones previas
Nos enseñaron a temerles, no a leerlos. Nos dijeron que Maquiavelo era el diablo y Nietzsche el egoísta, esa es la lectura neoliberal que necesita un pueblo que crea que la política es sucia y que tener voluntad es pecado. La verdad es otra. Maquiavelo le quitó la política a la moral de la Iglesia para devolvérsela a la realidad, nos dijo que hay que “ir directamente a la verdad efectiva de la cosa y no a la representación imaginaria de la misma”.
Nietzsche le quitó la moral al resentimiento para devolvérsela a la vida, nos advirtió que “quien no puede mandarse a sí mismo, debe obedecer”. El neoliberalismo los odia por eso mismo, porque vive de hacernos creer que no hay alternativa y que no tenemos fuerza. Este análisis es para regresarlos al pueblo.
- A manera de reflexión
Maquiavelo nos recuerda que el poder no se pide, se construye, que la política no es un concurso de buenas intenciones sino la disputa por el Estado, y que quien renuncia a disputar el Estado termina administrado por otro, por eso hoy el joven que dice quiero cambiar el mundo sin tomar el poder repite el infantilismo que Maquiavelo ya había enterrado hace quinientos años. A esa capacidad de construir le llamó virtù, que no es portarse bien ni ser técnico, virtù es fundar cuando todos dicen que no se puede, es Cárdenas expropiando el petróleo, es un gobierno levantando trenes y refinerías contra toda la fortuna en contra.
Y la fortuna es justamente eso, el río desbordado de la crisis, la pandemia, la inflación, el lawfare, el mal gobernante se queja de la fortuna, el Príncipe nuevo la encauza y la vuelve oportunidad para organizar. Como enseñó Maquiavelo, hay que “ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos”. Y ahí entra Nietzsche, porque de nada sirve el Estado sin un sujeto que pierda el miedo a tener poder.
Nietzsche vio que nos tenían atrapados en la moral del resentimiento, esa que nos enseñó que el pueblo debe ser humilde, pedir permiso y agachar la cabeza, romper con eso es voluntad de poder, y voluntad de poder no es aplastar al otro, es aplastar el miedo propio a crear, es la comunidad que deja de ser cliente de la tienda transnacional y se hace cooperativa, es el trabajador que deja de decir así me tocó vivir y empieza a decir así voy a vivir. El superhombre no es un superhéroe, es el pueblo superando al pueblo viejo del neoliberalismo, ya no el ciudadano consumidor, sino el pueblo creador. Juntos, Maquiavelo nos da Estado y Nietzsche nos da alma, uno sin el otro no sirve.
- Consideraciones finales
Maquiavelo y Nietzsche no son para justificar tiranos, son para justificar al pueblo y para entender la coyuntura actual. El viejo régimen nos ataca en dos frentes porque sabe esto, por un lado, nos dice que el Estado es corrupto para que renunciemos a Maquiavelo y por otro nos dice que el pueblo es flojo y necesita tutores ilustrados para que renunciemos a Nietzsche.
La respuesta es el Príncipe Colectivo, un pueblo con virtù para sostener lo construido y con voluntad para profundizarlo sin culpa y con alegría, porque el poder cuando es del pueblo no se ejerce con vergüenza, se ejerce como creación. Sin Maquiavelo nos quedamos con buenas intenciones, pero sin obras, sin Nietzsche nos quedamos con obras, pero sin militantes. Por eso decimos que este momento de México se entiende mejor con El Príncipe en una mano y Así habló Zaratustra en la otra, que con todos los manuales del Banco Mundial. ¿Qué quiere decir esto? El manual del Banco Mundial te dice cuánto puedes gastar, te enseña a administrar la escasez.
No estamos contra la técnica, estamos contra la técnica sin pueblo. Maquiavelo y Zaratustra te dicen cuánto puedes atreverte, te enseñan a fundar abundancia y a perder el miedo a tener poder. No estamos en una administración más, estamos en una fundación, y las fundaciones no se miden con la calculadora del banco, se miden con la voluntad de un pueblo que decidió volver a ser Príncipe Colectivo.




