Mtro. Jesús Antonio García Ramírez. Politólogo
1. Consideraciones previas
Esta frase la reflexionó Marx, el hombre no se define por lo que dice, sino por cómo produce y reproduce su vida, producción y reproducción, y el neoliberalismo rompió las dos y nos dejó un sesgo brutal, obligar a hombre y mujer a sostener su vida diaria con estrés y marginalidad. El valor de los hombres se volvió difícil de entender porque se destruyó su base material, se le quitó empleo digno, salario que alcanzara y utilidad social, pero se le quitó también a la mujer, aunque ella sí avanzó en derechos, que es histórico e irreversible, el resultado no fue liberación integral, fue otra cosa, dos precariedades que se juntan.
Hoy él y ella trabajan, pero ambos con estrés, ambos al día, ambos sin tiempo, ambos en transporte de tres horas, ambos en renta cara, ambos con deuda, no es familia, es sobrevivencia de dos, y cuando la vida diaria es estrés y marginalidad, el valor del hombre se reduce a si trajo o no trajo dinero y el valor de la mujer se reduce a si pudo con todo, ahí se pierde el conjunto.
2. A manera de reflexión
Este es el gran reto sociológico, político y psicológico a superar y es tremendo porque es invisible. Reto sociológico, porque rompimos la familia como unidad de producción y la convertimos en suma de individuos que compiten por sobrevivir, antes la familia, aun con machismo, producía junta, comía junta, cuidaba junta, hoy el mercado la separó, cada quien su app, su entrega, su turno, hombre y mujer son un conjunto, un rotor fuerte y por lo tanto la Familia, pero el neoliberalismo lo partió para que cada hélice gire sola y ansiosa, y un rotor partido vibra y truena.
Reto político, porque la 4T avanzó muchísimo en lo individual, pensión para ella, beca para él, salario mínimo para los dos, pero aún no avanza en lo integral, le dimos apoyo a él y apoyo a ella, pero no le dimos tiempo, vivienda, empleo permanente cerca de casa y escuela de cuidados a la familia como conjunto, y sin esa construcción integral, el apoyo individual se lo come el estrés diario, el mercado sigue obligándolos a vivir al margen, aunque tengan tarjeta. Reto psicológico, que es el más duro, un hombre que vive con estrés y marginalidad no puede sostener, no puede cuidar, no puede formar, no porque no quiera, sino porque psicológicamente está roto, ansioso, endeudado, con vergüenza de no alcanzar, y una mujer que vive con estrés y marginalidad, aunque haya avanzado en derechos, termina sobrecargada, cuidando hijos, casa y además sosteniendo a un compañero que no encuentra su valor, ese sesgo genera contradicciones colaterales tremendas, separación, violencia por frustración, abandono, niños criados por el celular porque papá y mamá no tienen tiempo, Marx lo advirtió, cuando la vida se vuelve precaria, la conciencia se vuelve precaria.
3. Consideraciones finales
No puede ser inexorable que hombre y mujer tengan que destruirse para sostener una casa, eso no es destino, es diseño neoliberal que se sigue colando sin querer en la transformación, y la tarea de fondo de la 4T es pasar del apoyo que alivia el estrés a la obra que elimina la marginalidad.
Ya no basta con darle tarjeta a él y tarjeta a ella por separado, necesitamos transitar hacia la producción familiar organizada, hacia la cooperativa, hacia el ejido productivo, hacia la empresa pública que emplee a los dos en la misma comunidad, hacia la vivienda propia cerca del trabajo y no la renta que se come el salario, porque el valor del hombre vuelve cuando deja de sobrevivir solo y vuelve a producir en conjunto.
Tampoco sirve de nada subir el salario si el hombre hace cuatro horas de transporte y no ve a sus hijos, por eso la segunda etapa de la transformación es tiempo, jornada de cuarenta horas ya, transporte público digno, escuelas de tiempo completo y de cuidados, porque un hombre vale cuando tiene tiempo para quedarse, no solo dinero para dejar, y una familia vale cuando tiene tiempo para reproducir la vida sin ansiedad. Y finalmente hay que pasar de la culpa individual a la formación integral del rotor, necesitamos escuela de oficios y de cuidados juntos, en territorio, que el mismo centro donde el hombre aprende soldadura aprenda paternidad, manejo del estrés y cuidado de adultos mayores, que la misma asamblea donde la mujer aprende derechos aprenda organización familiar, porque Hombre y Mujer reconstruidos juntos, no por separado, es lo que hace al rotor fuerte.
El valor del hombre en el mundo contemporáneo no es volver a mandar, es aprender a sostener sin estrés, a cuidar sin marginalidad, a formar parte de ese rotor donde si una hélice avanza, la otra avanza con ella, eso es familia fuerte, no la de la moral abstracta, la familia material que produce, cuida y transforma, y eso sí se puede construir, no es inexorable vivir con estrés, es superable si dejamos de administrar la precariedad y empezamos a construir integralmente la vida.




