¡Pídanme perdón!

2019-03-29 | Marcos Alán López Álvarez

La tángana fue monumental y la solicitud me parece verdaderamente extraña: Pedir perdón. Habitualmente el perdón no se pide, ya que de lo contrario éste no es sincero, se ve forzado, es mentiroso y carece de valor.  Paradójicamente Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México, prometió en antaño amnistía a quienes estaban inmiscuidos por el narcotráfico, por ejemplo, a causa de alguna necesidad. Por etimología, la palabra amnistía significa “sin memoria”. Esto significa que, AMLO, buscaba olvidar castigar a quienes sembraban marihuana para con ello ganarse el pan de cada día. Por eso, la solicitud de López Obrador me parece extraña. Nadie, de hecho, esperaba algo como lo que anunciaba mediante un video en redes sociales. Pronto, en la nación del Internet, surgieron burlas, memes y comentarios al respecto. En el mismo video, brinda datos de los antiguos pueblos que vivieron al sur del país, sobre la construcción que a sus espaldas se encontraban, luego indica que en la conquista “(Sic) se cometieron muchas arbitrariedades, se sometió a los pueblos que ahora conocemos como nuestra américa”. Ahí indica que envió una carta al Rey de España y al Papa para que pidan perdón por “violaciones a lo que hoy conocemos como Derechos humanos”.

El Premio Noble de la Paz, Mario Vargas Llosa, quien ya ha hecho comentarios despectivos sobre López Obrador, recomendó que primero el Gobierno Mexicano debería perdón por la población Indígena en México que vive marginada y en pobreza antes que España haga lo propio con los países de América. Tal vez tenga un poco de razón en esto.

Es importante apuntar que el 29 de diciembre de 1829, poco más de dos años de haberse consumado la independencia, la disculpa se había hecho llegar mediante un Tratado entre las autoridades mexicanas con la Reina Isabel II en el que se llegó al acuerdo de “olvidar para siempre las pasadas diferencias y dimensiones, por las cuales desgraciadamente han estado tanto tiempo interrumpidas las relaciones de amistad y buena armonía entre ambos pueblos”. En España no fue muy bien tomada la noticia y el pronunciamiento fue firme al respecto: No se pediría perdón (otra vez) por ello. El ministro de Exteriores de España, Josep Borrell, señaló que “España no va a presentar esas disculpas que se le piden, como he dicho, tampoco vamos nosotros a pedirles disculpas a la República francesa por la invasión napoleónica”.

Lo que verdaderamente me preocupa, más que descifrar quién tiene que pedirle disculpas a quién, es descubrir una parte que no quiero ver a veces del presidente de mi país, que se exaspera, que se enoja, que suena rencoroso, belicoso y vengativo. Una imagen vista ya ahora en todo el mundo: La de un presidente que busca contiendas y pleitos. En la que si algo no se hace mal, es culpa del PRIAN y hay que molestarnos con ellos; y si se hace algo de una manera inadecuada, es culpa de la presa fifí y hay que demeritarla; y si la economía marcha a tropezones o se nos califica negativamente alguna consultora, hay que desestimar los comentarios. López Obrador tomó la premisa de dividir al país para ganar adeptos, pero ahora ya no debe funcionar así su estrategia.

Esperamos sinceramente que le vaya bien. Que le calle la boca a quienes dudan y le critica(mos), que le de la razón a quienes dieron su voto de confianza en las urnas. Porque si a él le va bien, a todos nos va igual, pero si tiene dificultades, a nosotros igual. Si este barco llamado México se le hunde al capitán, nos hundimos todos con él y nos ahogamos. Y lejos de buscar restar o dividir al país, deberíamos sumar esfuerzos para multiplicar resultados. España debe verse no como un villano en la historia, sino como un aliado estratégico. Alemania logró sobreponerse al Holocausto Nazi, y emprendió un viaje a la prosperidad, sin olvidar que sus raíces están manchadas de sangre. Japón cimentó su nación tras haber sido el primer y único país del mundo en recibir el ataque de una bomba atómica, y en dos ocasiones. De quedarse pensando en que otros países causaron su devastación o la generaron, probablemente no fueran el país que ahora son.

México debe reconocer que la intervención de la corona española, generó una vorágine de cambios políticos, sociales, económicos y hasta religiosos, pero no debe vivir guardando rencores. Hoy no es el tiempo de pedir perdón, hay cosas más importantes que entender como lo es la seguridad en el país o mejorar la economía del país.

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