Platt, ganamos; Baranzini, perdimos

2019-04-06 | Froylán Campos

En el salón del hostal apenas caben los noventa y tantos delegados con derecho pleno a ejercer el voto. Y para ingresar al cónclave hay que sortear estrictos cordones de seguridad. Más allá de las ocho de la mañana, el Holiday Inn luce literalmente asediado. La vigilancia policiaca, discreta, se extiende por toda la manzana. 

Son legión los hombres de sombrero y botas que largaron el rancho y el ganado para atestiguar la elección del nuevo dirigente de los rancheros sonorenses; sin embargo, en el ambiente flotan las perversas intenciones de esa convocatoria. El barullo por fuera del hotel es frenético. 

Por momentos, los ánimos se exaltan cuando algún “delegado” no aparece en la lista de los que tienen “luz verde” para participar en la asamblea de la Unión Ganadera Regional de Sonora (UGRS). “Iba para Obregón, vi la bola y decidí llegar”, revela el senador Arturo Bours Griffith. Alguien le hace notar que así venga en calidad de “mitotero”, viste de camisa blanca, al igual que los seguidores de Daniel Baranzini. “Es la única que tenía limpia”, esgrime sin gracia uno de los notables potentados de Cajeme. 

El representante popular por MORENA en el Senado de la República, aduce que su presencia en ese evento tiene qué ver con el afán de que se respete la voluntad de los agremiados. 

Pero durante tres o cuatro horas, el Senador Bours recorrió y descubrió los pasadizos del inmueble, atestiguó los destrozos acompañado del delegado de la PGR, Pavel Humberto Núñez y saludó a cuanto cristiano encontró a su paso. 

No se diga reporteros ante quienes eludió tajante cualquier comentario sobre sus aspiraciones políticas. Dejó en suspenso su posible inscripción en el padrón de MORENA. Y confirmó lo que amplios sectores de la sociedad y el gobierno vislumbran en estos primeros meses de la administración lopezobradorista: vienen tiempos de “vacas flacas”, dijo. 

Acá, Baranzini se mira arropado por el arribo del legislador federal. Ya va. Ya viene. Siempre, siempre con un Malboro encendido al soltar su prédica: soy un respetuoso de la ley y busco la unidad de los ganaderos. 

Más de un centenar de sombrerudos adictos a su causa entran y salen del hotel. A gritos y empujones intentan romper los cercos humanos y materiales que obstaculizan el paso hasta el salón donde tiene lugar el desahogo de la asamblea. Antes de que la fuerza bruta violente una de las puertas de vidrio que da acceso al restaurante, el cronista registra el palique entre dos viejos conocidos que aparentemente se reencuentran en un proyecto común, pero sin futuro. 

Fue un breve diálogo, totalmente ajeno a las bravatas de quienes se oponen a la reelección de Héctor Platt. Es una charla que se aleja de la comezón democratizadora con la que Baranzini alardea una supuesta mayoría de votos. La preocupación entre esos rudos hombres del negocio ganadero mira más allá de la elección gremial. 

Aquel le cuenta que por su rancho pasa un arroyo y las vicisitudes para aprovechar el caudal. Mira: lo que tienes que hacer es optimizar el recurso, el agua, manito, en los potreros. Y dime ¿cuántos vientres tienes orita? Entre 230 y 280. ¡Ay cabrón! Te diré algo: una familia se mantiene y vive bien, pero bien, con un corral de 300 cabezas. 

Eso sí, bien administrado el ganado te da para vivir cómodamente. Acomedido dicta un resumido tratado de cómo producir un mejor producto con praderas de forrajes. Yo ando batallando con una herencia de mi papá: me heredó 2 mil 700 hectáreas, pero están muy desaprovechadas. 

A ver qué chingaos hago… Más tarde, minutos antes de abordarse el último punto del orden del día, el salón ubicado en la planta alta de la hospedería se convirtió en un pandemónium. Algunos delegados simpatizantes de Daniel Baranzini intentaron hacer uso de la voz. A fuerza de gritos y manotazos pretendieron arrebatar la palabra al secretario del Consejo, Rubén Molina Molina, en los precisos instantes que anunciaba el inicio de las votaciones. 

En el estrado, José Angel de la Vega Pineda, representante de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas; Jorge Guzmán Nieves, titular de la secretaría del ramo en la entidad; Francisco Consuelo Gutiérrez, abogado general de SADER y Manuel Cubillas Platt, presidente del Consejo de Vigilancia de la UGRS, dan fé y legalidad al acto. 

Cuando los sufragios “cantados” a favor de Platt Martínez fueron cayendo uno por uno hasta completar 57 votos contra 31 de su opositor, éste abandonó intempestivamente el proceso en curso con los pañuelos rojos vociferando un “fraude”. Y así se escribió uno de los capítulos más álgidos en las ocho décadas que lleva de existencia la UGRS. “La voluntad fue muy clara”, dijo Héctor Platt Martínez tras ser declarado presidente de los ganaderos para un período más de tres años. 

El dirigente de los rancheros en Sonora fustigó a los “agitadores” que llegaron con un “plan de choque”, una práctica que —reiteró— riñe con los valores que distinguen al ganadero y que sus antepasados han heredado por generaciones. El reelecto presidente de la UGRS habló de iniciar cuanto antes un proceso de acercamiento con todos los agremiados y asociaciones. “Quiero que sientan que tengo la mejor disposición para trabajar en unidad”, dijo. Platt aseguró estar legitimado con el apoyo mayoritario de los delegados. Antonio Peraza, uno de los que votaron por la reelección del presidente, reconoció el pundonor de sus colegas. 

Esa fue la clave: la nobleza de la gente, rubricó. Despejadas las dudas y sepultadas las pasiones, Daniel Baranzini escribió el epílogo de la historia: “ya ganaron; nosotros perdimos; se acabó”, selló.

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