Mi gusto es… (O la otra mirada)

2019-05-11 | Miguel Angel Aviles

Durante la semana acudí a una oficina de gobierno para solicitar una información y, mientras me atendían, me acordé de esas doñitas y uno que otro doño que en mi barrio o en cualquier otro, eran infalibles y muy útiles a la hora de darte santo y seña de lo que fuera.

Y es que, si bien hemos avanzado mucho en materia de transparencia informativa, todavía hay retrasos en algunas dependencias y además de regatearte con cualquier pretexto algún dato comprometedor, también te salan con que no están actualizados y de plano no tienes muchas cosas de lo que le pides.


Aquello se vuelve un amasijo burocrático y lo que a estas alturas debería ser ya algo eficaz e inmediato, termina por ser muchas de las veces un servicio tortuoso e incompleto.

Por eso pensé en esas mujeres y en esos hombres que iban de casa en casa oficiosamente o uno, a petición de parte, podía buscarlas o buscarlos y en un tris ya estabas enterado de todo lo acontecido en la colonia y desde luego de cada vida personal que tú le preguntaras o decidieran contarte con hasta fascinación.

Estoy seguro que ellas serían las personas idóneas para encargarse de ese trabajo en el nivel de gobierno que las pusieras.

Dicho con pertinencia, cualquiera de las que ustedes recuerden estarían que ni mandadas hacer para encargarse de la Unidad de Enlace de una Secretaría de Gobierno, de un instituto cultural, de una Comisión del Deporte, de una Rectoría, de un partido político, de una Subsecretaría del Medio Ambiente y hasta de una fiscalía.

No sólo se actualizaría el servicio en un dos por tres, sino que además se ahorrarían la capacitación y el aumento de la nómina, contratando, como suele hacerse, a un director, un subdirector, cinco ayudantes, tres secretarias, un capturista, un notificador, un mensajero para cumplir con la gran misión que le impone la ley al sujeto obligado.

Olvídense de eso. Hagamos los recortes que sean necesarios, al fin y al cabo los que se indignaban antes por los despidos, hoy son los que los despiden y, en su lugar, pongamos a las que se le venga a la mente: yo, por ejemplo, respetando el secreto profesional y cambiando sus nombres para proteger a los inocentes, contrataría a doña Chuyita Castillo, a doña Ofelia Angulo, a don Eduardo Fiol, al Cara de gripa y a Paola, la mujer periódico para que entraran al quite en esa encomienda. Les garantizo que ellas y ellos, más que buenas gentes, son buenas fuentes.

Será suficiente un par de semanas para que su labor de campo rinda frutos y se pongan al tanto de cuanta información se requiera en esta encomienda.

Acomódenles una mesita, garantícenles café todos los días, remunérenles cual debe y entonces sí, pregúntenle lo que sea porque estarán frente a quien maneja de la más excelsa manera, la información recibida, generada y administrada por sí misma, su memoria y su ansiedad por contarlo todo. Y todo es todo, sin hacer excepciones con datos personales porque esa será su especialidad.

Con cualquiera de ellos o ellas ahí, la gestión pública (y una que otra privada) se transparente porque se trasparenta.

Ahora que vuelva por la información que pedí, lo voy a proponer. Y Juro por todas las madrecitas festejadas, que será un éxito.

Contacto: avilesdivan@hotmail.com

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