Mi gusto es...

2019-06-09 | Miguel Angel Aviles

Cuando yo era niño pude enterarme solamente de dos grandes grupos en cuestiones de doctrinas religiosas: los católicos, y los aleluyas y párale de contar.

Como mi familia se asumía como católica significaba que nosotros éramos los buenos y aquellos, ni modo, eran los ma- los o, por decirlo así, los que había desviado su camino en esto de la espiritualidad.

Si ahora ignoro un montón de cosas, en aquel entonces ignoraba más, de tal suerte que, de judaísmo, islamismo, cristianismo, hinduismo, budismo y demás ismos yo no sabía nada y, sí así lo quieren ver, tampoco me importaba saberlo.

Mis prioridades eran la escuela, el futbol, la afición por la lucha libre, llenar álbumes de estampitas, jugar en la calle, cumplir con los mandados , y en el camino a la iglesia a los once años cabales, seguir echándole miraditas a esa niña que se llamaba Adriana, al pasar frente a su casa cuando iba en las tardes rumbo a capilla del Perpetuo Socorro para luego hacer la primera comunión y listo: según yo eso era ya suficiente como católico y por lo tanto , una vez salvado del pecado me esperaba el reino de los cielos, como de que no. Jamás le hice preguntas incómodas a mi madre sobre el asunto de la fe, me solidaricé con ella cuando quiso desertar de la Acción Católica por no sé qué decepción con dicho apostolado, la acompañé cuan- do fue convencida por unos aleluyas que llegaron a la clase en bicicleta para llevar- nos a su templo, fui su lugartenientito cuando emprendió la retirada casi a fuerza de carrera al ver que nos querían meter a una pila para convertirnos a su congregación y siempre respeté todo acto religioso que practicó hasta el último día de su vida y hasta el último recuerdo que de su amor yo tenga.

No obstante y contrario a lo que en mis años mozos pude saber, hoy no me es posible estrechar mis conocimientos en esas dos grandes visiones que tuve en materia de creencias y espiritualidad.

No, qué va, por más que lo quisiera no puedo seguir dividiendo a los creyentes entre creyentes y aleluyas solamente.

Pero por más que mis creencias dentro de mi fuero estén muy claras, tampoco puedo considerar que unos son buenos y otros malos, como también veía en la tele a los indios y vaqueros o a malhechores y policías o al Guadalajara y al América, por citar tan obvios ejemplos.

Mucho menos habré de reducir a tal número sobre las religiones o movimientos religiosos que hay en el mundo, de por si vertiginoso y cambiante día a día que para “sorpresas” no quedamos y si no me creen, solo volteen a ver el lio en que anda metido el señor Naasón Joaquín García.

Es más: para no andar reclamando a nadie sobre lo que me aseguraban que eran y lo que realmente son, yo habré de formar mi propia religión. Sí, señor. Al respecto aún no les pienso adelantar na- da. Pero eso sí: la presentación oficial habrá de ser en Bellas Artes.

*Contacto: avilesdivan@hotmail.com o en Facebook como Miguel Ángel Avilés Castro.

Noticias relacionadas

Opiniones sobre ésta nota

Comenta ésta nota