Mi gusto es… (O la otra mirada)

2019-08-10 | Miguel Angel Aviles

Hay frases históricas que, si no me las hubieran machacado a lo largo de mi vida como ciertas, yo no las creyera. No porque no se hubieran dicho, es lo de menos, más bien porque no me imagino a un fedatario tomando nota de cada una de ellas al momento de acuñarse.

Y no me lo imagino porque son tan diversas las situaciones donde se le atribuyen a los autores, muchas de ellas peligrosas, que más que andar tomando notitas para la posteridad uno hubiera salir corriendo o guarecerse en cualquier rincón, mientras pasaba la marimorena.

No sé desde cuándo se remonte la primera frase registrada y mucho menos me acuerdo ahorita quién la dijo, pero cuando haya sido y quien haya sido, nunca se enteró que por ahí había alguien cazando expresiones contundentes pues, seguramente, de haberlo sabido, mejora la que hoy conocemos o se avienta unas mejores. O si supo y por eso la dijo. Puede ser que haya dicho una babosada, pero en eso del teléfono descompuesto, le enderezaron la plana y quedó excelsa.

Lo que también me pregunto es que si ese registrador del pensamiento ajeno, escogía al azar los eventos o ya sabía dónde se podían decir los más trascendentales apotegmas.

Si es que ya estaba planeado, luego entonces iba a la segura, llevando tinta y papel. Pero si aquellos adagios salían de botepronto, cuando el inspirado sujeto estaba en un recinto parlamentario, o se iba subiendo a un carruaje o en una fonda mientras se comía un pozole o en plena retirada cuando las tropas enemigas le estaban apedreando el rancho, entonces sí estábamos en riesgo de que lo dicho quedara en el anonimato. No quedaba más que grabársela de memoria, apuntarla en una servilleta llena de salsa o escribirla en la palma de la mano, so pena de que la borrara sin darse en cuenta al echarse un baño.

A modo de ejemplo, me pregunto quién diablos sería quien escuchó decir a Guillermo Prieto eso de “los valientes no asesinan “ese 14 de marzo de 1858 con tal de que el pelotón del improvisado fusilamiento que se le ocurrió al coronel Landa le perdonara la vida a Juárez. Era domingo en Guadalajara y eso ya me hace dudar de que todos anduvieran lúcidos, cualquiera que haya sido el escribano. Fiesta, tequila, Tlaquepaque, birria, ustedes saben.

Para mí que fue el propio don Guillermo quien corrió la voz que se había discutido con esa frase, pero no estoy seguro. En fin, que sean los verdaderos historiadores o los espiritistas a los que les dé por averiguar.

Noticias relacionadas

Opiniones sobre ésta nota

Comenta ésta nota