Transgresión al primer mandamiento

2019-11-06 | Marcos Alán López Álvarez

AMLO no sabe mentir. En su discurso tras tomar la presidencia dictó tres mandamientos para quienes le acompañarían en su Cuarta Transformación: “No mentir, no robar, no traicionar”. Además, pidió que tengamos “paciencia y confianza”. Sin embargo, la paciencia y la confianza se pierden cuando los hechos señalan lo contrario a lo que decimos. AMLO asegura que en México vamos “requeté bien”, pero los datos señalan que es todo lo contrario. La violencia vivida en los últimos días ha alcanzado niveles sumamente altos. Todavía no digerimos una noticia cuando recibimos otra igual de sangrienta, si no es que aún más. Los abrazos, los "fuchi, guácala" ni las acusaciones con su mamá no han tenido efecto en un narco que se vuelve más cruel. El llamado “culiacanazo” tal vez mostró a un gobierno que parece manco, mudo y sordo; que parece que no hace nada; que habla, pero no dice nada; y que no escucha.

El gobierno de AMLO es parsimonioso al punto de ser sobrepasado por la violencia. Sinaloa y Sonora son noticia y tendencia en redes sociales. Y el narco sigue siendo cruel y despiadado. Prometieron que no eran iguales, pero parece que son peores. Y la estrategia resulta ser hablar de los resultados de béisbol, de la granja de bots y más ataques, otra vez, a la prensa que le crítica. A este ritmo será mejor ignorar las balaceras, recoger a nuestros muertos e intentar seguir nuestras vidas. La estrategia es fallida. Es verdad que la titánica tarea de erradicar la narco-cultura en México es compleja también, y que AMLO pueda solamente sembrar los cimientos de esto, es importante decir que tampoco mentir aporta mucho.

En lo sucedido en Culiacán, por ejemplo, primero supimos que AMLO no sabía nada del operativo, y que este era un patrullaje de rutina cuando se encontraron con el hijo del Chapo Guzmán, y que el hijo del capo nunca estuvo detenido. Después el gobierno reculó y dijo que AMLO si sabía, pero no todo lo del operativo, que no era un patrullaje de rutina sino un operativo que resultó ser mal calculado, y que el hijo del capo si fue detenido y luego liberado con el fin de salvar vidas. Argumentar que la decisión del presidente fue la mejor con el fin de salvar vidas resulta más bien una falacia vil, cruel y simplona. Traslada al plano sentimental algo que, con objetividad, debe ser señalado como un operativo fallido en el que se puso en riesgo a la ciudadanía.

Abatir a un narco no soluciona, tampoco, el problema de seguridad en México, pero pedir aplausos por parte de AMLO, tampoco lo será. Y, lamentablemente, Culiacán solo es un caso más. Como lo vivido en la fiesta de Veracruz en abril, o los 13 policías acribillados en Michoacán, o los 15 muertos en Guerrero donde narcos atacaron a militares, siendo abatido un elemento. Y la lista es larga, y las excusas también. El modelo neoliberal, Felipe Calderón, Fox, el PRI, el PAN, los fifís, los medios vendidos, el que está allá sentado, el que va pasando por enfrente, Peña Nieto… Bueno, ese no se le menciona mucho.

La revista británica The Guardian Weekly resumió la triste situación de México con su portada “100 muertos diarios” agregando el título “¿Alguien puede poner fin a la guerra contra las drogas en México?”, lanzando un dardo a un AMLO que se ve rebasado.

En el caso ya conocido de la familia LeBaron, Alfonso Durazo trató de minimizar la situación diciendo que se trataba probablemente de una “confusión”, sin embargo, ya son demasiadas confusiones. Confusiones como las de la sierra de Sonora, las de Tamaulipas, Estado de México, Sinaloa, Morelos, y etcétera son las que terminan en casos como Ayotzinapa, solo por citar un ejemplo. Hasta los datos de septiembre de este año ya van 38 mil 855 muertos: ¿Son todas confusiones? AMLO rayó en la burla y el cinismo cuando ayer dijo “Ya tenemos resultados, ya pudimos detener la escalada de violencia”. La realidad es que hay otros datos. Como escribió el periodista Pablo Majluf, “El país deambula solo entre muerte, destrucción y demagogia.”

A falta de un trimestre por transcurrir, ya se registra el peor año en cuanto a violencia desde que se tiene registros. La paciencia y la confianza no son suficientes. Nuestro deber como ciudadanos es seguir cuestionando al presidente y seguir exigiendo resultados. Parece evidente la transgresión al primer mandamiento –no mentir- y el culpable, aunque no lo quiera reconocer, es Andrés Manuel López Obrador: No vamos “requete bien”.

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