Miedo no... ¡Pavor!

2019-11-12 | Noé Becerra

El ambiente de miedo que se vive en el país, y que en buena medida es promovido y fomentado desde los más altos niveles del gobierno federal, produce en el ciudadano común, un desasosiego que no le hace vivir en paz, ni trabajar cómodamente.

Si a esto se auna la falta de seguridad, podemos anticipar entonces, que los mexicanos estamos llevando a cabo nuestras actividades, pegados o adheridos a una explosiva bomba de tiempo, al más puro estilo de los ideologizados islamitas.

El miedo nos lo infunde, sin duda alguna, el propio Presidente de México al referir por ejemplo a los periodistas que “si no se portan bien, recuerden lo que les puede pasar”, y de inmediato se registran asesinatos de éstos en algún lugar del país.

Regaña a otro tipo de gente, y de inmediato surgen las venganzas políticas a través de iniciar investigaciones criminales en contra de políticos o de empresarios. Y así sucesivamente.

Como contrapartida tenemos un México viviendo en la ilegalidad y su compañera inseparable llamada impunidad. Y el combate a éstas, -a pesar de haber sido bandera del Obradorismo-, no ha cobrado cuentas a quienes han delinquido no de hoy, sino de siempre.

En el país, la ilegalidad y la impunidad están imparables como nunca. Sin embargo, el gobierno federal -y como consecuencia de esa pasividad abierta, los gobiernos estatales-, no se les ve para cuándo van a emprender acciones que si bien no requieren de toda la maquinaria pesada como en el caso del narcotráfico, sí requieren de la sola voluntad de quien dice mandar sobre los mexicanos.

En la reciente visita de López Obrador a Sonora, tuvo un encuentro con el líder del grupúsculo que tiene tomadas las casetas de cobro en la carretera federal de la Cuatro Carriles y que cobran sin empacho alguno a quienes transitan por allí, convirtiéndose ello en una cueva de los cuarenta ladrones, con su Alí Babá.

Al ver a un sujeto como el mencionado, enfrentar al propio presidente de México, no deja otra impresión de que la ilegalidad y la impunidad ya echaron raíces en Sonora. 

Por su lado el presidente, con su tibieza de siempre, afirmó que a él le constaba que la carretera estaba tomada y que las personas cobraban a los conductores. “Yo lo ví”, dijo. Pero no hizo nada.

Allí mismo debería haber pedido que el Ministerio Público de la Federación iniciara una investigación penal o en su defecto que continuara y resolviera en consecuencia.

Pero no, amable lector. De nuevo la chabacanería de un  presidente que ya perdió el respeto de todo mundo, pero especialmente de los liderazgos fuera de la ley y arropados por la impunidad. Ayer fueron útiles para acercarle votos a Morena, hoy son desechos del Régimen en turno. Tontos inútiles.

Al ver al presidente hincado ante la delincuencia, vividores lo retan y le gritan. Qué feo, ¿no, amable lector?.

O usted, ¿qué opina amable lector?. 

El autor es abogado postulante por la UNAM, ha sido catedrático universitario en varios Estados y articulista en diversos periódicos del país. Teléfono (6621) 57.7114 celular  [email protected]

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