Se soltaron los punteros: su enemigo, el abstencionismo en 2021

2020-07-31 00:00:00 | Arturo Soto Mungía


No termina la pandemia pero ya comienzan las campañas. En las redes sociales se ha documentado el activismo de Alfonso Durazo Montaño, virtual candidato de Morena al gobierno del estado, a quien se le ha visto en reuniones con empresarios sonorenses, y al que reportan muy visitado en sus oficinas de la Secretaría de Seguridad Pública, pero no para atender temas de esa área, sino asuntos eminentemente preelectorales. 

También ha visitado Sonora en discretas giras para cabildear apoyos con alcaldes y dirigentes de su partido, y trazar la ruta de su precampaña. 

Pero no es el único. Ayer trascendió que Ernesto “El Borrego” Gándara ya puso sobre la mesa del dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno su renuncia al cargo de secretario de Asuntos Internacionales de ese partido, una instancia desde la cual llevó a cabo un interesante cabildeo para llevar a “Alito” a la presidencia de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe.

 

Ernesto había presentado su renuncia desde enero pasado, pero el dirigente nacional no se la aceptó. 

Ya sin esa responsabilidad a cuestas, lo más seguro es que Ernesto Gándara intensifique su activismo en pos de la candidatura de su partido, un activismo que por cierto no ha cesado, aunque por motivos de la pandemia lo ha mantenido en un bajo perfil, evitando los reflectores. 

¿Por qué es relevante la renuncia de El Borrego a su cargo en el CEN del PRI y el activismo de Alfonso Durazo? 

Porque sin duda se trata de los dos punteros en la anticipada campaña por la candidatura de sus partidos -y de sus aliados- a la gubernatura del estado. 

Por el lado de Morena hay un optimismo desbordado que para muchos resulta inexplicable, considerando los pocos resultados que en la mayoría de los casos han ofrecido los gobiernos locales de ese partido, señaladamente los casos emblemáticos de Navojoa y Guaymas que han resultado catastróficos. 

Y si hablamos del gobierno federal, bueno, la atribulada lectora, el empiojado lector tendrá siempre la mejor opinión. Pero los datos -incluso los oficiales-, muestran que la crisis sanitaria y la económica están configurando un escenario complicadísimo, en el que aún no hemos visto lo peor. 

Eso sin duda será un factor a considerar por los votantes el próximo año, cuando los candidatos de Morena lleguen a la elección en una situación inédita, en la que su oferta política no sea el cambio, sino la continuidad. 

El punto es importante porque no es lo mismo arengar en las plazas contra el mal gobierno y ofrecer la dicha y prosperidad, que llegar tres años después a explicar por qué no se ha cumplido lo prometido. Máxime si muchos y muchas de quienes asumirán las candidaturas ya tuvieron la oportunidad de ejercer cargos de gobierno o legislativos. 

A menos que, claro, la apuesta sea al adoctrinamiento y la alimentación de una base clientelar de mexicanos en pobreza extrema, cuya única esperanza de mantener un pan en la mesa sean los apoyos gubernamentales de los programas de Bienestar. 

Y créanme, son millones. 

Me dirán que esa legión de pobres es producto de los gobiernos anteriores y tendrán razón. El problema es que en sólo dos años, el gobierno de la 4T ha producido al menos doce millones más de desempleados a los que ya no les convence mucho la idea de que la rifa del avión presidencial o la detención de algunos hampones del pasado va a venir a resolver sus males. 

Tratando de ser objetivos, la campaña para los candidatos de Morena y sus aliados no será sencilla, incluso considerando el hecho de que todas las encuestas tienen al partido como la marca mejor posicionada en estos momentos. 

Es decir, si las elecciones fueran ahora, de acuerdo con todas las encuestas Morena estaría prácticamente repitiendo el resultado 2018, así sea en un escenario más competido. 

¿Eso qué significa? Significa que la oposición a Morena también la tiene muy complicada, básicamente porque no han podido deshacerse de la carga negativa que acumularon a lo largo de la historia, y tampoco han sabido articular una propuesta coherente y convincente para presentar plataformas, pero sobre todo candidatos y candidatas con niveles de competitividad aceptables. 

En resumen: ¿puede Morena ganar la gubernatura de Sonora en 2021? 

Sí. 

¿Puede el PRI retener la gubernatura? 

Sí. 

Todo va a depender de cómo los primeros gestionen la pandemia y sus daños colaterales sobre todo en el plano económico, pero además, de cómo gestionen su crisis interna, pues la disputa por las candidaturas se anticipa como un pleito a puñaladas. 

En el caso de la oposición a Morena, el asunto también luce complicado. Hasta el momento no han podido encontrar una fórmula que combine la unidad sin afianzar el discurso presidencial que ya los metió a todos en el costal de los conservadores, culpables incluso de sus propios fracasos. 

Eso sin contar que desde el PRI, PAN, PRD y MC, más de cuatro ya están midiendo la distancia a la liana para desplazarse por los aires rumbo a Morena. Cierto que también entre la militancia morenista hay una creciente inconformidad con las cúpulas de su partido que, sostienen, son las únicas que han tirado escandalosamente el piojo mientras ellos siguen administrando la convicción, la voluntad, la congruencia… y la pobreza. 

Estamos lejos todavía de saber qué nos deparan los próximos meses en los temas más candentes: seguridad, salud y economía. La prospectiva no es optimista y hará falta algo más que 500 kamikazes iluminado el zócalo con sus antorchas el próximo 15 de septiembre “para mandar el mensaje de que sigue encendida la llama de la esperanza”. 

No sé ustedes, pero creo que el desencanto es un sentimiento que está permeando fuerte en el ánimo ciudadano. El desencanto hacia todas las opciones políticas, que ya se probaron en el ejercicio de gobierno. 

Y eso puede derivar en un abstencionismo grande, como no se veía desde hace décadas. 

Y el abstencionismo, señoras y señoras, ayer como hoy beneficia a los partidos que desde el gobierno, disponen de los recursos económicos, materiales y logísticos para acarrear gente a las urnas. 2018 fue la excepción, no la regla. 

Ahí se las dejo. 

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