La corrupción no se crea ni se destruye, solo se cuatritransforma

2020-08-02 00:00:00 | Marcos Alán López Álvarez

Tristemente, nuestro estado está lleno de corrupción. Está corrida en todos lados: Pagamos pequeñas cantidades de dinero a fin de evitar una sanción cuando un policía de tránsito nos dice que hemos cometido una falta al conducir. Intercambiamos una botella de whisky para tener una mejor calificación al final del semestre en la universidad. Solemos tener maestros que han sido puestos porque un familiar directo se había jubilado y le había “heredado” la plaza. Médicos y enfermeros suelen tener casos similares.

Y, aunque estas prácticas han caído en su uso, suelen conocerse casos parecidos sin buscar mucho, la corrupción daña la calidad de los servicios brindados, así como entorpece que personas capacitadas accedan a un mejor empleo o a los usuarios tener un mejor servicio. En el Estado mexicano la cosa no cambia mucho. En casi todas las evaluaciones de percepción de corrupción, solemos ser los últimos lugares en este rubro. El gobierno de Enrique Peña Nieto marcó una tónica muy parecida, en casos como el de la casa blanca o hasta Odebrecht. Si nos pidieran resumir todo el sexenio de Peña Nieto en una sola palabra sería “Corrupción”.

En esta misma tónica, Emilio Lozoya, que fungió como Director de Pemex en ese sexenio, ahora se encuentra enfrentando la justicia en un caso irrisorio en el que no ha pisado la cárcel ni la pisará, por lo pronto. Y es posible no lo haga en un futuro. Odebrecht fue un claro ejemplo de cómo el estado es usado para lucrar. La Cuarta Transformación no ha sido muy diferente. Con una cantidad alarmante de influyentismo, dónde los mismos y los de siempre son los que reciben adjudicaciones directas por muchos millones de pesos para obras públicas, inclusive ¡Con días de haber sido creadas las empresas!

Un senador puede obtener jugosas ganancias en sus negocios por el hecho de tener un escaño y gozar de contratos con el gobierno de la 4T. Un empresario puede manejar las cuentas de algunos programas sociales gubernamentales y al mismo tiempo ser consejero empresarial del Presidente, ¡Y viajar a la Casa Blanca!

Y es que la corrupción ha encontrado cabida en esta Cuarta Transformación del país dirigida por un López Obrador que dice que no usará cubrebocas hasta que no haya corrupción en México. Ante esto me surge mi lado preguntón: ¿No se supone que ya no había corrupción desde el primer día de su gobierno? ¿No se supone que el Presidente ha elegido a personas que no son corruptas para desempeñar cargos públicos? Dónde quedó la premisa de “90% honestidad y 10% experiencia”?

Usar el combate a la corrupción como bandera de campaña siempre trae buenos dividendos. López Obrador lo usó como discurso desde que Peña Nieto no supo aclarar el teme de la casa blanca de su esposa. Se dio cuenta que la gente ya se sentía asqueada de la corrupción y lo utilizó argumentando que él era distinto, y que en su gobierno no habría tal ominosa característica. Lejos de eso, en este gobierno hemos visto que la corrupción no ha desaparecido, pero lo que sí lo ha hecho es la congruencia y la vergüenza. Ahora es más común escupirnos en la cara que no hay corrupción, aunque esté documentada en fotografías, videos, documentos o aunque la tengamos frente a nosotros. El reto de terminar con la corrupción es mandar mensajes desde la Presidencia contundentes de que habrá sanciones ejemplares a quienes caen en este delito. Los servidores de la nación se sirven de la nación. Y López Obrador nos miente en la cara diciéndonos que no es así, aunque tengamos fotografías, videos, documentos o lo tengamos en la cara. La corrupción ahora ya no se oculta solo es negada, aunque ésta sea evidente. Y haría falta mucho tiempo y mucha tinta para hablar de tráfico de influencias, amiguismos y el nepotismo rampante que impera ahora mismo. En este gobierno, la corrupción no se crea ni se destruye, solo se cuatritransforma.

NO CESA LA PENDEMIA

¿Qué piensa Usted cuando nos anuncian un nuevo pico de contagios? ¿Qué piensa cuando nos dicen que la próxima semana será la peor? ¿Qué piensa cuando López Obrador dice que no usará cubrebocas, que ya pasó lo peor o que vamos de salida? Los mensajes desde arriba son incongruentes, torpes y hasta erráticos, los de a pie, seguimos enfermos, muriendo y confundidos. Mientas, las playas se llenarán, las calles se abarrotarán y los contagios aumentarán. Si López Obrador insiste en dar mensajes errados, solo esperamos que mañana no nos diga a nosotros que somos los culpables de que la pandemia no cesa. Por ahora, somos líderes mundiales en contagios y muertes, por un gobierno torpe y una población que en su mayoría no ha acatado medidas preventivas.

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