La Familia Burrón, y otros libros de “monitos”

2020-09-12 00:00:00 | Miguel Angel Aviles

En ese año, México sepultaba en la Rotonda de los Hombres Ilustres al primer compositor mexicano cuya música tuvo proyección internacional: Manuel M. Ponce.

En ese año los aficionados al cine disfrutaban del estreno de la película “Salón México” donde el personaje de Mercedes, encarnado por Marga López, trabaja como cabaretera para sostener los estudios en un exclusivo colegio de señoritas del personaje representado por Silvia Derbez, Beatriz, su hermana menor.

En ese año: 1948, justamente en ese año, no por casualidad, Gabriel Vargas, el oriundo de Tulancingo, Hidalgo, y fallecido este 25 de mayo de 2010, daría vida (eterna) a “La Familia Burrón”, una historieta mexicana o libro de “monitos”, como se le ha llamado, una de las referencias más importantes de este arte dentro de la cultura popular de México que pinta, casi como un ensayo a retrato hablado, las aventuras de una familia de clase baja del Distrito Federal, convirtiéndose de ahí “pal real” en una de las principales representantes de este memorable género.

“La Familia Burrón”, publicada hasta la fecha, muestra (y demuestra) con dura gracia una crítica humorística sobre la sociedad mexicana y sus cualidades tanto positivas como negativas.

Repasemos la memoria, como si repasáramos aquellas páginas y pongámosla frente a sí para disfrutar y a la vez conmovernos de esa tropa que componían Los Burrón, atisbados cual distintiva familia de clase media baja que vive en una vecindad en la Ciudad de México, D.F., situada en el “Callejón del Cuajo Número Chorrocientos chochenta y chocho”.

Puede decirse que era el preámbulo para la cristalización de la historieta en México, cuya fecha de nacimiento en este país data de 1908.

La historieta en el mundo, o el cómic como lo conocemos hoy en día, había surgido en Alemania —por parte de Wilhelm Busch— con la publicación de unas rimas que iban acompañadas de un dibujo alusivo y que se conocieron como “Max und Moritz”. Unos cuantos años más tarde, en 1896, Richard F. Outcalt crea una serie titulada “El niño amarillo”, publicado en cierto periódico neoyorquino. Es aquí, precisamente, donde nace el término periodístico ‘amarillismo’.

A mediados de los años treinta nace la era moderna de los superhéroes en una revista llamada Action Comics: “Superman” de Jerry Siegel y Joe Schuster. En años subsecuentes habrán de surgir otros, como “Batman”, “Flash”, “El Hombre Araña”, “Los Cuatro Fantásticos”, “Los Hombres X”, y muchos más. Éstos llegaban a nuestro país y eran reimpresos en periódicos nacionales. Sin embargo, el material muchas veces aparecía con retraso, por lo que se empezó a buscar talento mexicano en este ámbito. A partir de esto surgieron historias, al principio en blanco y negro, tales como “Don Catarino”, “El Señor Pestañas”, “Mamerto y sus conciencias” (que vino a ser una parodia de la historieta estadounidense “Educando a Papá”), y “Adelaido el conquistador”, por ejemplo.

En 1934 aparecen en México las primeras revistas de historietas como tales. “Paquito”, de Editorial Sayrols, era una recopilación de material de diversos autores; sin embargo, dicho material no había sido publicado con anterioridad en ningún periódico.

“Pepín” ve la luz en 1936. Esta revista —que publicaba material mexicano y norteamericano— se convirtió en un éxito total, y para muestra sólo hay que revisar la cantidad del tiraje: Diariamente se imprimían 700 mil ejemplares y los domingos, el doble.

A estos años se les identificó por algunos como la época dorada de la historieta mexicana aunque se dice que, más delante, el cómic nacional se cayó un poco. En los años cincuenta algunas editoriales —como Editorial Novaro— se dedicaron a la reimpresión de cómics norteamericanos tales como “El Hombre Araña” y “Superman”, lo cual, según los críticos, esto fue un paso atrás en cuanto a historietas nacionales.

A pesar de ello surgieron más historietas mexicanas y al periodo comprendido entre 1950 y 1960 le denominaron la época de plata.

En ella surgieron varias historietas que resultaron de gran éxito: “Hermelinda Linda”, “La Familia Burrón”, “Los Supersabios”, las cuales, en cuanto al gusto popular, le pasaron por encima a las reimpresiones norteamericanas.

Durante esta época aparecerían también revistas de historietas de corte político como “Los Supermachos” o “Los Agachados, ambas de la creación del famoso Eduardo del Rio “Rius”.

Esto era lo que se veía precisamente en “La Familia Burrón”, a través de los ojos de los protagonistas de la serie y de una hilera de personajes secundarios.

Recordémoslos: Don Regino Burrón, peluquero de carrera y propietario de la peluquería El Rizo de Oro. Su comprometida misión, como jefe de la familia, es acarrear el dinero producto de su trabajo y ponerle juicio a las locuras de su esposa Borola.

Por su parte, la inmemorial Borola Tacuche de Burrón es la jefa de la familia y se pudiera decir que venía a ser el personaje principal de la historieta. Borola Tacuche habría nacido en el seno de una muy rica y reconocida familia de la Ciudad de México. Desde chiquita se distinguía por ser traviesa e impetuosa, metiendo en problemas a sus amigos, en especial a Regino Burrón. Siempre soñaba con llegar a ser una encueratriz o exótica famosa. Mujer de viveza desmedida y alegría desbordante, sus fracasos empresariales por sacar a la familia de la pobreza, gracias a un golpe de audacia, terminaban en calamidades, demandas legales o, de plano, la metían a la cárcel.

Además estaban sus hijos: la señorita Macuca Burrón Tacuche, quinceañera por los siglos de los siglos y, como su madre, siempre engalanada a la última moda. Tierna y dulce, sacó el espíritu apocado de su padre. Estaba también, por supuesto, el joven Regino Burrón Tacuche, hijo primogénito y con el sobrenombre del Tejocote. Le ayudaba a su papá en la peluquería, pero nunca aprendió el oficio bien a bien. Pese a eso, le echa la mano por las mañanas porque en las tardes va a una academia donde se entiende que estudiaba comercio

Asimismo aparecía Fosforito Cantarranas, el niño adoptado por la familia Burrón pero la realidad, de acuerdo a la historia, es que era hijo de Don Susano Cantarranas, pepenador y contumaz borracho.

También estaba Cristeta Tacuche, tía de Borola, quien, según la historia, era multimillonaria y vivía en París desde hace varios años tras haber emigrado de México debido a la persecución de millonarios durante el gobierno de Echeverría.

Estos eran, creo, los más destacados personajes de Los Burrón, además de los cincuenta y tres extras que registran los datos al respecto y que fueron surgiendo paulatinamente pues , a decir del propio Don Gabriel Vargas, no se quería cansar al lector.

El Museo del Estanquillo en la Ciudad de México, dedica, incluso, una sala a La Familia Burrón. De igual manera en la calle de Regina, en 2010, se pintó un mural con los Burrón. Se llama Sueño de una Tarde de Domingo en el Callejón del Cuajo y a pesar de que, justo en un mes de septiembre pero 2013 fue dañado aunque se pudo restaurar.

Así y desde 1948 hasta agosto de 2009 —con primera y segunda época— transcurrió durante años por los escenarios grabados en la memoria de este gran historietista mexicano: “Las vecindades con macetas y pollos en los patios, las paredes llenas de agujeros, las calles habitadas por perros y boleros, los billares de mala muerte, los camiones atestados, los mercados con sus precios al alza, los parques con sus pobres a la baja; un mundo donde el último consuelo es reírse de la desesperanza”.

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