Una anécdota para que no nos extrañe el ahora que se parece al ayer

2020-11-20 00:00:00 | Arturo Soto Mungía

Hace muchos, pero muchos años, cuando la mayoría de los que hoy andamos en estas lides del periodismo no imaginábamos siquiera que algún día lo haríamos; cuando otros tantos ni siquiera habían nacido, ocurrió un episodio que me dio la gana traer a la memoria por razones que explicaré más adelante. 

Era la oficina del director general de Tribuna del Yaqui, Salomón Hamed García, tipo duro según los relatos de la época, esa época en que había muy pocos medios de comunicación y los periódicos impresos eran el suplemento del desayuno, y se podía identificar a una persona bien informada con sólo verle los dedos manchados de tinta. 

Los periodistas entonces tenían algo de poetas y de locos. Y de políticos. Su cercanía con el poder los convertía de alguna manera en confidentes de los que partían, repartían y de la mayor parte se hacían. 

Casi todos sus exponentes desarrollaron también una gran afición a la bohemia y algunos encontraron en la ingesta desmedida de bebidas etílicas la coartada perfecta para mitigar el estrés intenso al que estaban sometidos desde el amanecer hasta la media noche. 

Los millenals y centenials de Zoom y Skype no lo saben, pero dirigir un periódico siempre ha sido una labor tremendamente estresante. 

Saber que en ocasiones de la nota -o la foto, o la columna, el artículo, el cartón-, que aparecerá al día siguiente depende el rumbo de la política, de las decisiones de gobierno, de la estabilidad social o la destrucción de vidas y honras es un peso que no cualquiera puede cargar a sus espaldas. 

Por eso muchos directores -pero también reporteros-, desarrollan niveles muy altos de estrés, ansiedad, depresión. Se vuelven irascibles e impulsivos. 

Salomón Hamed era uno de ellos. 

Aquella mañana citó a su fotógrafo preferido en su oficina, Alejandro “El Indio” Mena, que además era su amigo, cómplice y compañero de parrandas. Estaba enojado y lo que le sigue. Emputado, según quienes rescataron esta anécdota. 

El motivo de su encabronamiento ni siquiera tenía que ver con algún asunto estrictamente periodístico, sino más bien doméstico. Pero El Indio Mena ya había cometido varias travesuras que tenían al director hasta la madre, de manera que ese día estalló y lo suspendió fulminantemente. 

A gritos (por esas razones que expliqué antes, los directores gritan. Los gritos son como un reforzamiento de autoridad o algo), le espetó que estaba suspendido y que se fuera mucho a la verga. 

El Indio Mena bajó la cabeza y sólo alcanzó a preguntar con titubeante voz, de cuántos días sería la suspensión. 

Salomón Hamed, montado en cólera, le gritó que se fuera y regresara ¡En diez años! 

El Indio Mena dio media vuelta todo triste, abandonó con pasos lentos la oficina y se perdió tras el umbral de la puerta. Pero en unos segundos regresó y con voz muy seria le preguntó al director: 

-Señor, ¿en la mañana o en la tarde? 

Salomón estalló en una carcajada y no tuvo más que reconsiderar su furia:

 

-¿Sabes, qué? Vete a trabajar y déjate de chingaderas, le dijo. 

Traigo a colación la anécdota a propósito de lo que sucedió en los estudios del periódico Expreso, cuya plataforma digital incluye informativos de radio, uno en especial a cargo de la colega y amiga Cynthia García y el también colega y amigo Daniel Sánchez Dórame. 

Ambos entrevistaron el pasado martes al precandidato a la gubernatura por Morena, Alfonso Durazo Montaño. Daniel fue particularmente incisivo en un par de preguntas. 

Una acerca de la insistencia del precandidato en aludir a una mafia del poder que se ha apoderado del estado, cuando él mismo participó al lado de esos que hoy menciona como los causantes de todos los males; la otra, sobre esa premisa de separar el poder político del poder económico, cuando el mismo Durazo ha publicitado con especial interés sus reuniones con los capitanes de empresa en Sonora. 

Al día siguiente, miércoles, a Daniel se le impidió el acceso a la cabina de radio y no acompañó a Cynthia en el programa. Sucedió que efectivamente, al colega y amigo lo suspendieron, se dice que por órdenes de Durazo Montaño. 

Personalmente tengo mis reservas. El precandidato de Morena puede tener la lámina delgada, pero creo que es suficientemente astuto para entender que en esta tan temprana etapa del proceso electoral y con los saldos de su paso por la secretaría de Seguridad federal, echarse encima el cese de un periodista sería letal. 

Peor aún, de un periodista serio, responsable, siempre solidario con el gremio y además, co-conductor de un espacio notablemente abierto a las posiciones de Morena y su precandidato y señaladamente crítico de sus adversarios. 

Puedo equivocarme, pero creo que la suspensión tuvo su origen en la dirección o el accionista principal del medio, que como suele pasar, de pronto resultan más papistas que el papa; mantienen relaciones muy cercanas con el poder (no hay que olvidar que Durazo es el candidato del presidente de la República) e intereses económicos muy fuertes. 

De hecho, Durazo ha sido entrevistado en otros espacios de radio, televisión y medios impresos en los que ha sido zarandeado con obuses quizás menos centrados que los de Daniel Sánchez Dórame, aunque con más visceralidad. Y no ha pasado nada. 

No dudo, tampoco, que las presiones hayan venido del equipo del precandidato, donde aparecen algunos personajes de marcada intolerancia, de un dogmatismo cerril, una visión en blanco y negro y una soberbia que los hace soñarse en la toma de Palacio en el verano de 2021 mientras dinamitan todos los puentes, incluyendo aquellos que les sirvieron para llegar a donde ahora se encuentran. 

Lo cierto también es que hizo mucho ruido un video difundido por el colega y amigo Rafael Cano Franco, presidente del Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores, en el que le endosa toda la responsabilidad de la suspensión de Daniel Sánchez a Alfonso Durazo. 

Automáticamente el evento se inscribió en la agenda de la sucesión gubernamental y no tengo dudas de que fue clave para la reconsideración que horas después, hizo el director de Expreso, Luis Romandía, para explicar que Sánchez Dórame seguía en el medio, y que la empresa es respetuosa de las audiencias y de la libertad de expresión. 

Este fue un episodio temprano, pero que ilustra bien los codos que están rozando el tintero de donde Alfonso Durazo alimenta la escritura de su discurso de confrontación. En cualquier momento, uno de esos codos le pega al tintero y hace un manchadero de padre y señor mío. 

El propio precandidato se deslindó de este evento, pero de entrada ya quedó registrado en la opinión pública como una pésima señal, suya o de su equipo. 

No. No es una buena señal ni es un buen comienzo. 

Por cierto, esta mañana habrá un encuentro al que convoca Jesús Valencia, el coordinador de campaña de Alfonso Durazo, con la prensa local. Acuso recibo de la invitación y allí estaremos, para ver si el de Iztapalapa suelta el listón de su pelo sobre estos temas que están marcando agenda en la sucesión gubernamental Sonora 2021. 

Ahí les platico más al rato. 

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