¿...y Carlos Slim?

2021-02-13 00:00:00 | Miguel Angel Aviles

Ya no supe que pasó con Don Carlos Slim, después que dejó el hospital para seguir recuperándose en su casa, pero deseo, sinceramente, que esté muy bien.

A como están las cosas, temíamos resultados lamentables, pero dios es grande y por fortuna o gracias a ella, salió adelante.

No sé qué hubiera pasado si el desenlace es otro y este hombre termina por ser parte de esa lista de más de ciento sesenta mil muertos por culpa del covid.

Pero el hombre de ochenta años más uno, evolucionó favorablemente en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y ahí la lleva.

Considerado el personaje más rico de México y uno de los multimillonarios más poderosos del mundo, debido a sus inversiones en diversos negocios, principalmente, en el área de las comunicaciones, Carlos Slim es ya y será uno de los miles de contagiados que, literalmente, vivirán para contarla, así le quede poco o mucho de vida.

Ese resultado no lo tuvieron otros ni otras y nos duele, pues que mejor hubiera sido que recibieran la más eficiente atención médica para que también, en unos cuantos días, regresaran, triunfantes, a su casa.

En lo que a mí respecta, quiero que esto se acabe y no hago distingos con respecto a ningún paciente.

Ya he tratado de quitarme un poco esa carga de preocupación en exceso que esto ha provocado, pero estoy convencido de que todo enfermo y toda familia de un enfermo, lo conozcamos o no, sea familiar o no, merece y debemos ofrecer nuestra solidaridad, haciendo votos para que se recupere pronto.

Sin embargo, tratándose de Don Charly, yo sí llegué a tener pensamientos encontrados y culposos.

Déjenme y les cuento el por qué.

Por supuesto que, desde el primer momento, y en cuanto supe de la noticia, elevé una plegaria al cielo por un señor adulto mayor, con cierto exceso de peso y que no había dejado de exponerse en lugares públicos, rogando que los síntomas no fueran muy agresivos y la librara pronto.

No obstante los noticieros, cuya información no siempre es alentadora, nos ofrecían un panorama que nos han traido con los nervios de punta y el corazón acelerado, por lo que, en el terreno de la probabilidad y la estadística, no hubiera a nadie un desenlace fatal de tan celebre empresario.

Entonces se apoderó de mí el llamado síndrome de la erosión, ese que vivimos frente a una persona en desgracia o ya finada y en el cual hacemos a un lado todo reproche o todos los cuestionamientos que le pudiéramos endilgar a su trayectoria, para quedarnos solo con lo bueno que fue.

Luego me dio por googlear su biografía por si alguien me encargaba una nota y así empezaba esta:

“Hijo de Julián Slim Haddad (nacido Khalil Salim Haddad Aglamaz) y de Linda Helú Atta, ambos cristianos maronitas del Líbano,345 Carlos Slim Helú se tituló como ingeniero civil en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde presentó la tesis Aplicaciones de la Programación Lineal en Ingeniería Civil, además impartió álgebra y programación lineal en la misma casa de estudios. Desde joven comenzó a invertir en la compra de negocios, los cuales hacía prosperar, así como en la compraventa de bienes raíces, en el centro de la Ciudad de México.

A principios de los años ochenta y en medio de una crisis que paralizó a México y con fugas de capitales históricas, Slim y su grupo realizaban inversiones fuertes en el país, y adquirieron varias empresas.

Si bien lo anterior contrastaba con la crisis que hemos estado viviendo en esta pandemia, no dejaba de ser reconfortante el pensar que, así como empezó él, con una mano adelante y otra atrás , pero que ahora encabezaba la lista de los más ricos del planeta, un día no lejano cualquiera de nosotros estaría en las mismas circunstancias , sin saber qué hacer con tanto dinero y desojando una margarita para decidir si viajamos a Egipto , a la Antártida , a Nueva Caledonia, a Los Cabos o ya de perdida a Rusia para traer un buen puño de vacunas y aportarle a la causa.

En esa andábamos, cuando la bandeja de mi correo electrónico se volvió a llenar de mensajes que otras veces me resultan sospechosos, pero ahora los vi como una premonición. “Slim se puede ir, pero no puede hacerlo así nomás, se requiere que alguien ocupe su lugar”. No lo dijo nadie, pero les juro que esas palabras retumbaron en mi oído.

El concurso para la posible vacante era abierto, pero si quería competir, tenía que mostrae un capital a la altura de este reto. Presto fui a los mensajes y, aceptandole las intenciones de su noble causa a esos remitentes anonimos, literalmente les pasé la charola:

“Tengo una propuesta de donación para ti. póngase en contacto con mi correo electrónico privado a continuación. vikmrcs21@outlook.com?”

“Su correo electrónico recibió $ 1,000,000.00 en el programa de The Atlantis Foundation para reclamar Enviar nombre completo Habla a Número de teléfono móvil A través de contact@online-pro.org

“A nombre de la Fundación Rafael del Pino Calvo-Sotelo se le otorgó a su correo electrónico $ 1,00,000.00 para reclamar, enviar detalles “

“Su cuenta de correo electrónico ganó 810000 USD de Alghanim Industries. Para facilitar el proceso de reclamos, envíe su nombre completo y código de verificación: X73093ALGHANIM a nuestros abogados por correo electrónico.”

“Hola, ¿Estás interesado en la inversión de Bitcoin? Invierta USD 200 y gane USD 2400 en 48 horas (2 días). ¡Pregúntame cómo!”.

“Empieza a ganar plata hoy, sumándote a Bitcoin“.

Por eso me llegaron los pensamientos encontrados y culposos. Por un lado, prendiéndole veladoras a cuánto santo me acordé, para que todo quedara solo en un buen susto y , por el otro, ya me veía, muy sonriente, en la portada de la revista Forbes.

Pero Don Carlos ya le puso espaldas planas a la maldita infección , aunque después de irse a casa, ya no se ha sabido de él.

Pero lo importante es que está bien . Y en cuanto al relevo, les juro que sabré esperar.

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