Punto de inflexión

2022-05-09 00:00:00 | Joaquín Robles Linares

La inseguridad en la entidad es creciente, hay que reconocer que no es un problema nuevo, esto es un tema que se ha agravado y en el intento por resolverlo se han puesto en práctica diversas estrategias, a veces unas positivas que abonaron a la resolución temporal, pero en otras se han dado palos de ciego inventando corporaciones al vapor, que evidencian la nula imaginación profesional y el enorme fracaso institucional en la materia.

La promesa se repitió, con una política diferente se abatirían los delitos; las políticas públicas para remediar este fenómeno iban encaminadas en el rumbo correcto y los perfiles para estas responsabilidades serían los mejores, nada de eso se cumplió.


Los actos cada vez más descarados de la delincuencia son evidentes, el alarmante número de asesinatos y la escasa efectividad policial es la noticia diaria. No recuerdo un momento más bochornoso en la entidad que el que acaba de suceder en Altar, al despojar temerariamente la delincuencia a la Policía de sus patrullas, para después pasearse presuntuosos en ellas, humillando ignominiosamente a la ciudadanía.

Ese ánimo de demolición que acompaña al Gobierno federal, creó un vacío cuando se optó por desaparecer la Policía Federal, seguramente había corrupción, no lo dudo, pero en lugar de remediarla e intentar una renovación, desaparecieron de un plumazo un esfuerzo civil de décadas.

Se crea la Guardia Nacional, más por una idea atada a los prejuicios y la evocación histórica de López Obrador, que a la resolución profesional del problema. Otra vez a partir de cero, cancelando lo rescatable que podía tener la corporación desmantelada.

En Sonora a la criminalidad se le quiere dar una solución política con allegados y simpatizantes, siendo un problema ascendente que ya rebasa a todas las administraciones anteriores y pone en riesgo las actividades sociales y productivas. La administración actual propone enfrentar el tema como si fuera una disputa entre vecinos de una cerrada; mesas, pactos y la muy manoseada palabra “paz”, usada irresponsablemente, como si se intentara construir un relato alterno en una ficción llena de vaguedades.

Una propiedad de los gobiernos democráticos y constituidos por profesionales, es la atención inmediata de los conflictos y la admisión de la realidad sin cortapisas, sin importar los tintes políticos o partidistas. Se enfrentan las adversidades con la intención de resolverlas en forma definitiva. Tratar la inseguridad como si fuera un asunto superficial y pasajero, evadirlo con retórica hueca y ajena a toda pericia es una irresponsabilidad y lo que resulta al final es un desastre mayor.

El Gobernador colaboró en la creación de la Guardia Nacional, se mencionó siempre su enorme presupuesto y también la entrega al Ejército de la flamante institución, también se señaló su poca efectividad.

Se rememora su paso por esta institución por dos momentos: El conocido como “culiacanazo”, episodio que nos llena de vergüenza y que pone en evidencia la impunidad -centro eterno de este problema-, y el otro instante memorable: Una frase algo chusca y que expone la idea de un lenguaje seudotécnico para esconder con retórica el evidente fracaso: “Se ha logrado un punto de inflexión”, comentó en una mañanera en relación a los homicidios.

Estos siguieron al alza con todo e inflexión. “En los gobiernos democráticos es deber fundamental, prioritario, servir a la población, atender sus mandatos, gobernar.
Los gobiernos autoritarios creen que su deber primario es conservarse en el poder -aunque “gobernar” tenga que ser entendido como imponer, cooptar, mentir, manipular, mayoritear o chantajear”.

(1) 1. Ruiz Harrell Rafael, Criminalidad y mal gobierno, Pág. 23. Ed. Sansores & Aliure. México 1998

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