Por David Parra
Con un timing por demás impecable, la pregunta del día para el funcionario del día llegó con precisión milimétrica por ese estrecho hueco por donde puede llegar, cual improbable eventualidad cósmica, la feliz coincidencia de la participación de un secretario de estado que rara vez es invitado al escaparate político más impropio de la historia mexicana, con la intervención de una reportera de esas a las que poco se les concede el privilegio de hacer preguntas incómodas, menos cuando se trata de funcionarios ventaneados prácticamente en tiempo real, a los que se suele blindar y proteger. No podía saberse, debió haber dicho el carnal Marcelo demacrado frente al espejo del baño real del aún secuestrado palacio nacional, luego de su jarakiri mañanero.
La política mexicana tiene una regla no escrita: los escándalos rara vez llegan solos y casi nunca llegan tarde. El caso que hoy envuelve a Marcelo Ebrard, detonado desde el portal Latinus, alguate estratégicamente acomodado en salva sea la parte de cualquier ortodoxo que se precie de serlo y con toimás, parecerlo, por los señalamientos sobre su hijo quien recibiera en la embajada de México en Londres una soberana acogida similar al de cualquier mexicano desvalido en extrañas tierras donde todo paisano siempre se encontrará con una maternal canciller ahí destacada, lo cual para nada es una excepción, sino una regla, como podrá confirmar cualquier paisano que toque esas generosas y solidarias puertas en busca de protección y cálido trato… Sólo pregúntele usted a nuestros héroes remeseros en el planeta como les va en los consulados mexicanos.
Por ello no es de extrañarse que en el momento exacto en que el oficialismo comienza a reordenarse hacia su siguiente fase con el sorpresivo nombramiento de Citlali Hernández en una posición clave a instancias del petit buró obradorista, la disputa por el control de Morena y el reparto del botín territorial en tratándose de candidaturas, lleguen cosas como esta, obra de la más casual de las causalidades. Un providencial zape oportunamente desenvuelto para la ocasión dicen en mi rancho.
En el tablero de morena Ebrard representa una pieza por demás atípica. No es un cuadro orgánico del obradorismo puro y duro, pero tampoco un actor externo. Su capital político es propio, su perfil político y técnico es impropiamente alto para la ecuación 90-10 imperante, y su red de relaciones trasciende el perímetro tradicional del movimiento. Pero el más grave de sus pecados es traer a cuestas un antecedente imperdonable para Lord narciso de Macuspana: Haberle ganado una encuesta de popularidad para la elección de 2012 para decidir la candidatura presidencial siendo jefe de gobierno del defectuoso, donde cometió el peor error de su vida: Pese a haberle ganado con un margen indiscutible, cederle la candidatura al vengativo miserable que desde entonces le ha mantenido cerca y sometido para impedirle opacarle nunca de los nunca más.
Ahí es donde el escándalo cobra sentido político. En un contexto de reacomodos internos y reparto del pastel electoral, los episodios de desgaste cumplen una función clara: reducir márgenes de negociación. Un actor bajo presión no desaparece, pero sí negocia distinto. Llega con menos fuerza, concede más, pesa menos en la balanza.
La comparecencia en la mañanera refuerza esa lectura. El hecho de que el tema haya sido abordado en ese espacio, en el epicentro de la narrativa política nacional, no fue un error de cálculo, sino un evidente manejo de agenda donde encima de todo, el reconocido cuarto bat cuatrotero termino ponchándose como el sapo que se ensartó en la estaca, admitiendo todo y pretendiendo justificarlo de manera torpe y acaso incluso hasta ingenua por los alcances judiciales implícitos en lo que en balde intentó justificar, incluso si con ello hubiese pretendido trasladar la responsabilidad a la embajadora en cuestión bajo su mando. De plano le quedaron marcadas en la jeta las costuras de la rencorosa bola maliciosa lanzada desde la chingada.
Haciendo un breve recuento, con esto Ebrard se inscribe en el selecto grupo de las corcholacras postmortem de entre las cuales hasta ahora era el único al que en esta etapa no se le había formado un chubasco. Adán López con lo de la barredora, Noroña con su detestable papel en el senado, su inexplicable prosperidad y privilegios contrastantes con su miseria multipublicitada y presumida por el mismo, Monreal con su cinismo distintivo, su colota de dinosaurio priista, sus excesos, privilegios y lujos, a quienes ahora se suma Marcelo con su paternal peculado e inesperada torpeza declarativa.
Esto anticipa que el proceso interno de Morena no será terso y que quienes hasta ahora piensan que siguen teniendo mano o distinción por su ridículo papel de monigotes presidenciables, están siendo acomodados en las butacas de gayola. Ya los equilibrios se están ajustando antes de que la disputa se formalice.
En política, el poder no siempre se ejerce eliminando adversarios. A veces basta con debilitarlos lo suficiente, recordándoles quienes son y que representan en la cadena de mando.
El caso Ebrard, en ese sentido, no define una caída, define una condición: la de un actor que entra al siguiente ciclo con un nuevo fardo en la espalda y en una contienda donde cada punto de fuerza cuenta, lo cual puede ser la diferencia entre encabezar, negociar o simplemente seguir de pajecito como se le condenó desde la afrenta al amado líder.
Bajo el papel que juega Claudia Sheinbaum, morena enfrenta su primera gran prueba sin el factor cohesionador absoluto que representaba López de manera visible, hasta el momento, si es que no inicia su anunciada gira para promover su inmundo libro, diría el Reforma. Su intento fallido de clonación en su propio mesías ya convertido en dios tabasqueño, retoño a imagen y semejanza del padre al que no le gusta que le digan Andy, enviado a la inmundicia terrenal cuatrotera a difundir su palabra, ha fracasado y sabe que no tiene rescate posible, por lo que su holocausto luce inminente y en estas ya resucitado de antemano en su tradicional papel de monaguillo pasando alegremente la charola de las aportaciones entre la desprendida y generosa feligresía del cash.
Lo que sigue no será una ruptura, pero tampoco una inercia. Será política en estado puro: cálculo, control y, sobre todo, administración de ambiciones. Hoy le tocó a Marcelo, a manera de recordatorio de cual es su lugar como figura de acompañamiento, nunca más de liderazgo alguno y en ese papelito de ayer que dejara nuevamente al goldo exhibido como gandalla, soberbio y como un consumado papanatas, pareciera que sólo se trata de mantenimiento preventivo para evitar descomposturas sorpresivas, además del cobro de un par de facturas pendientes con su hoy jefa directa a la que también le debe lealtad y sumisión. Lo bueno es que el señor ya tiene callo en eso.
ByTheWay
… Esperemos que el coletazo no salpique para esta parte del noroeste del país y el proceso de sucesión que lleva el tío poncho, bien cuidado y mejor planchado, no entre en fase de descomposición entre los que ya deben sentir presión ante la incertidumbre de su futuro inmediato. No faltan los que reclaman derecho de piso, así representen un riesgo para la sucesión, así como tampoco los soberbios que ven los truenos y no se hincan.
… Lo que no podemos escatimarle al dream team de Durazo, cuyos integrantes hoy hacen palidecer al gansito de la bimbo, es la estoica disciplina que emanan los llamados y ungidos del tío poncho, entre quienes en su mayoría vemos armonía y hasta comunión. Mejor mensaje de unidad y disciplina difícil de encontrar.
… Apostándole a la negociación periférica de impunidad que conllevan los acuerdos de cierre de negociación para aventarse un paro, que no huelga, como el que el STEUS iniciara el día de ayer con la toma de la UNISON colocando ilegalmente las distintivas banderas roji negras, pese al rechazo del planteamiento legal calificado como inconsistente por el tribunal laboral que observara y archivara el expediente presentado por la organización de trabajadores administrativos de la Alma Mater para declarar huelga.
Mala práctica incurrir en la ilegalidad, aunque buena apuesta donde pueden y deben, al menos por ortodoxia legal, quedar empapelados sus promotores, quienes al menos consiguieron legitimidad de la asamblea que decidió optar por la huelga. Por lo pronto la comunidad universitaria vuelve a perder, ya veremos por qué razón.
@dparra001


