Ciudad de México. El ex procurador General de la República (PGR) Jesús Murillo Karam recibe atención médica en un nosocomio al sur de la Ciudad de México, debido a un derrame cerebral, confirmaron fuentes cercanas al ex funcionario.
Murillo Karam, de 78 años de edad, sufrió desde agosto de 2014 un accidente cerebro-vascular mientras ofrecía en su calidad de titular de la extinta PGR una conferencia de prensa relacionada con el avance de las investigaciones del caso Iguala.
La salud del que fuera también procurador y gobernador del estado de Hidalgo, así también diputado federal y senador por el PRI, se fue deteriorando motivo por el cual obtuvo el beneficio de la prisión domiciliaria al tiempo que se desarrollan dos procesos penales en su contra por la supuesta comisión de delitos relacionados con los hechos ocurridos en septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, donde integrantes del cártel de Guerreros Unidos, con apoyo de policía municipal privaron de la libertad y desaparecieron a 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa.
El ex procurador de la República -último cargo que ocupó en el gobierno federal-, fue detenido el 19 de agosto de 2022, luego de que un juez le librara una orden de captura por su presunta responsabilidad por omisión, según la acusación presentada en el delito de desaparición forzada.
La segunda causa penal que se inició en su contra se relaciona con presuntos actos de tortura cometidos en contra de miembros de Guerreros Unidos, para obtener confesiones que llevaran al esclarecimiento de lo sucedido.
A ese respecto, en septiembre de 2019 Murillo Karam concedió una entrevista exclusiva a La Jornada en su casa de la Ciudad de México, en ese entonces consideró que era momento de hablar y dar su versión sobre los cuestionamientos en torno a la indagatoria que llevó a juicio a 142 presuntos involucrados, pero de los cuales ya han sido liberados más de 50 por ciento por presuntos actos de tortura en su contra y otras faltas al debido proceso.
–¿A cinco años de los hechos ocurridos en Iguala, usted cambiaría algo de la investigación que le tocó encabezar?
–Fuimos resolviendo conforme se veían las cosas. Me movía entre los padres y las investigaciones, y, si se quiere, en algunos casos las cosas resultaron hasta de casualidad, como cuando fuimos a Cocula a revisar si los estudiantes estaban vivos y encontramos que la policía de ese municipio también había participado.
“Detectamos que las patrullas estaban repintadas, que habían cambiado los números, se falsificaron las bitácoras y todo ello forma parte de un cúmulo de pruebas que dicen que no existen, pero que son contundentes.
“Actuamos en función de tiempos muy encimados, pero ni mentimos ni inventamos nada. Me hubiera gustado encausar a otras gentes, pero lo que se obtuvo fueron testimonios de oídas, que no tienen valor probatorio.
“Eso sí, en el momento en que estuve al frente de la PGR tres detenidos declararon haber sido torturados y se iniciaron los procedimientos correspondientes. Si me pasé la vida impulsando leyes contra la tortura, no iba a permitir que en mi terreno se realizaran esas prácticas.
“Una indagatoria que podría ejemplificar mi actuación al frente de la PGR es el caso Tlatlaya. Ya había una resolución ministerial que concluía que se había tratado de un enfrentamiento. Pero dos meses después los peritos de la PGR determinaron que militares habían juntado a las víctimas en un lugar y les dispararon. Metí a la cárcel a los soldados. Nunca dejé de actuar con lo que fuera real”.




