POR ING.HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Nuestra casa máxima de estudios carga sobre sus hombros una paradoja estructural.
Está secuestrada por dos sindicatos y un grupo de maestros que la tienen en huelga sin importarles los estudiantes y su educación. En México y en Sonora, durante años nos vendieron la idea de que quedarse fuera de la universidad era un tema de capacidad. Hoy sabemos que no era un problema de espacio:
Por eso,para finales del 2026 la Universidad Rosario Castellanos llega a Sonora para romper una barrera histórica al abrir el acceso sin los filtros tradicionales de instituciones como la UNAM ,IPN O LA UNISON.
Pero en 2026, el acceso ya no es el punto final. Es apenas el inicio del problema. La nueva generación lo entiende mejor que cualquier discurso político: vivimos en un mundo donde la inteligencia artificial escribe, analiza, programa y decide. Nosotros crecimos con algoritmos, no les tenemos miedo, los usamos.
Sabemos que el título ya no es garantía de nada si no viene acompañado de habilidades reales: datos, código, pensamiento crítico, adaptación constante.
Ahí es donde el modelo de universidades abiertas se pone a prueba.
Porque abrir la puerta sin elevar la exigencia no es inclusión, es simulación.
Y el mercado laboral —cada vez más influenciado por tecnología y automatización— no se engaña.
La IA no pregunta de qué universidad vienes; evidencia lo que sabes hacer en segundos. Las universidades tradicionales siguen teniendo ventaja en prestigio, contactos y estructura. Pero también cargan con rigidez. En cambio, la Rosario Castellanos representa algo distinto: flexibilidad, nuevas áreas, adaptación digital.
El problema es claro: si esa flexibilidad no se convierte en formación sólida, el resultado será una generación con oportunidades… pero sin herramientas para sostenerlas. Desde la política, el riesgo es repetir el patrón: expandir sin consolidar.
Apostar por volumen en lugar de calidad. Pero desde la visión tecnológica, la exigencia es otra.
Hoy un joven puede certificarse en inteligencia artificial, aprender programación o análisis de datos desde cualquier lugar.
La universidad dejó de ser el único centro del conocimiento. Por eso, el verdadero cambio no está solo en las instituciones, sino en los estudiantes.
Esta generación ya no puede depender del nombre de su escuela. Tiene que construir su propio valor: proyectos, portafolio, experiencia, habilidades medibles. La IA no va a sustituir a los preparados, pero sí va a desplazar a los que se quedaron en lo básico.
La Universidad Rosario Castellanos puede ser una oportunidad histórica o un espejismo moderno. Todo depende de si logra combinar acceso con rigor.
Porque en esta nueva realidad, el mensaje es brutalmente claro: más acceso significa menos excusas.
Y en la era de la inteligencia artificial, improvisar ya no es opción.




