POR ING.HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Mientras el mundo compite por dominar la inteligencia artificial, los semiconductores y la automatización, México sigue atrapado en una política diseñada para sobrevivir la próxima elección y no para construir el próximo siglo.
Esa es la tragedia silenciosa que muchos jóvenes ya comenzaron a entender. Nuestra generación creció viendo discursos sobre justicia social, combate a la corrupción y promesas de transformación.
Algunas cosas cambiaron, sí. Millones de familias recibieron apoyos que les permitieron respirar en medio de una economía desigual.
Pero también aprendimos algo incómodo: repartir dinero no es lo mismo que construir desarrollo.
La inteligencia artificial nos ha enseñado a analizar patrones, proyecciones y consecuencias. Y los datos muestran una realidad preocupante: sin inversión productiva, innovación tecnológica, educación científica y certeza para las empresas, ningún país puede sostener crecimiento real durante décadas. México vive una contradicción peligrosa.
Quiere combatir la pobreza mientras debilita muchas condiciones necesarias para generar riqueza. Se habla de soberanía, pero dependemos tecnológicamente del extranjero.
Se presume infraestructura, pero se descuida la ciencia. Se defiende al pueblo, pero miles de jóvenes siguen atrapados entre informalidad, violencia y falta de oportunidades digitales.
El problema no son los programas sociales; el problema es creer que ellos solos pueden reemplazar una estrategia nacional de crecimiento. Las grandes potencias entendieron que el nuevo petróleo es el conocimiento.
Aquí todavía discutimos con lógica política del siglo pasado mientras el mundo ya funciona con algoritmos. Muchos jóvenes ya no piensan como las viejas élites ni como las viejas oposiciones. Entendemos economía digital, automatización, inteligencia artificial y mercados globales.
Sabemos que un país no se levanta solamente con ideología, sino con productividad, educación avanzada y tecnología. México aún puede convertirse en potencia. Pero para lograrlo necesita dejar de administrar popularidad y comenzar a construir futuro.




