Mtro. Jesús Antonio García Ramírez.
Politólogo.
1. Consideraciones previas.
La Cuarta Transformación no inició desde un punto cero porque ningún proceso histórico comienza en el vacío. La 4T recibió en 2018 una administración pública diseñada desde los años 90 bajo la lógica neoliberal de adelgazar al Estado, privatizar funciones estratégicas y medir todo por indicadores fiscales antes que sociales. El Servicio Profesional de Carrera, la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, los manuales de procedimientos y hasta el lenguaje burocrático fueron pensados para un Estado mínimo que vigilara el mercado pero que no garantizara derechos.
Transformar esa maquinaria con las mismas reglas es como intentar correr un maratón con zapatos de tacón, se avanza pero cada paso cuesta el triple y el riesgo de caer es permanente. Por eso a seis años de distancia el debate ya no es si la 4T ganó la elección, el debate es si la 4T está ganando la batalla contra la inercia burocrática. El dato lo confirma: según INEGI, en 2023 el 61.1% de la población de 18 años y más que tuvo contacto con algún servidor público experimentó al menos un acto de corrupción, y el trámite gubernamental promedio le costó al ciudadano 1,050 pesos y 3.2 horas de su tiempo. No es un problema de percepción, es un problema operativo. Hoy conviven dos lógicas en cada oficina pública, la lógica de la 4T que plantea austeridad republicana, bienestar primero y Estado garante de derechos, y la lógica vestigial que insiste en eficiencia fiscal a toda costa, desregulación y hacer más con menos que en la práctica fue hacer menos con menos.
No es una disputa ideológica que se resuelva en seminarios, es una disputa operativa que se resuelve en cada trámite, en cada contrato, en cada nombramiento y en cada oficio que sube y baja por los pasillos. Y el primer cuello de botella no está en la falta de voluntad política desde Palacio Nacional porque la ruta ha sido marcada con claridad, el problema está en los mandos medios y áreas administrativas donde la inercia neoliberal sigue viva. Son los guardianes del procedimiento que aplican la ley de forma literal para evitar riesgos personales pero terminan paralizando programas sociales enteros, prefieren no firmar antes que firmar mal y piden otro requisito antes que resolver el problema del ciudadano. Ahí en ese escritorio gris se decide si la transformación avanza o se atora, no en las conferencias, en el oficio.
2. A manera de reflexión.
Transformar la administración pública no es cambiarle el nombre a las secretarías ni despedir funcionarios, es cambiar el para qué del Estado, es cambiar la filosofía que mueve cada acción de gobierno y eso duele porque implica romper inercias de tres décadas. Desde el lado crítico hay que reconocer que la austeridad mal entendida también generó vacíos operativos, al recortar plazas sin rediseñar antes los procesos muchas dependencias quedaron con menos personal pero con la misma carga de trabajo y el resultado fue subejercicio presupuestal por falta de manos para ejercer. La SHCP reportó que al cierre de 2023 el subejercicio federal fue de 237 mil millones de pesos, dinero aprobado para salud, educación e infraestructura que no se ejerció porque la maquinaria no dio abasto.
El vestigio neoliberal aplaude desde afuera diciendo que ya se veía venir que el Estado no podía, y sí puede pero no con la plantilla y los procedimientos que dejó el modelo anterior. Pero el reto más delicado para el pueblo hoy es la simulación que ha capturado parte de la Agenda Ciudadana, porque la Agenda Ciudadana se discute demasiado en foros, mesas y discursos pero en la ventanilla se topa con funcionarios poco éticos y compulsivos que han convertido la simulación en método de trabajo, son los que se hacen los muy ocupados, llegan temprano, se van tarde, viven con el folder bajo el brazo y tienen el escritorio lleno de papeles, pero su trabajo real es imitar al pie de la letra el formato anquilosado del neoliberalismo, piden veinte oficios para dar una respuesta que se puede dar con uno, exigen requisitos que la ley y los decretos de la 4T ya eliminaron y regresan el trámite por una coma mal puesta mientras presumen que cumplen estrictamente la normatividad.
No roban dinero como antes porque eso sería burdo y riesgoso, ahora roban tiempo, roban derecho, roban esperanza con burocracia, mientras el maestro, la madre soltera o el campesino hacen fila bajo el sol ellos dicen con cara de mártir que están saturados de trabajo como si la saturación fuera medalla, pero su trabajo no es resolver, su trabajo es que nada se mueva para que nada cambie, ese es el verdadero vestigio neoliberal que queda en pie, no el político que grita contra la 4T en Twitter sino el funcionario que sella y regresa expedientes en la oficina de atención ciudadana usando el manual de 1998 como escudo para no transformar nada.
Frente a esa simulación la 4T apuesta a tres palancas reales que pueden romper el ciclo, la primera es la digitalización con sentido social que no busca solo ahorrar papel sino quitarle discrecionalidad al burócrata y ponerle transparencia al ciudadano, cuando la Pensión del Bienestar llega directo a la tarjeta, cuando la Cédula Profesional se descarga sin coyote y cuando la CURP se obtiene sin mordida ahí el formato anquilosado se rompe porque hay menos intermediario y más derecho.
La segunda palanca es el nuevo perfil de servidor público, dejar de reclutar ejecutivos formados en MBA para buscar servidores con vocación pública, el cambio está en el reclutamiento, en la capacitación permanente y sobre todo en el ejemplo que baja desde arriba porque no se puede exigir austeridad y honradez a un director de área si su jefe inmediato vive como virrey, la ética se contagia para bien o para mal. La tercera palanca es cambiar la métrica, el neoliberalismo midió todo en pesos y centavos, cuánto gastaste y qué tan eficiente fuiste, la 4T intenta medir en bienestar, cuántos niños salieron de pobreza extrema, cuántas escuelas rurales ya tienen agua potable y cuántos adultos mayores dejaron de elegir entre medicina y comida, es más difícil de auditar y menos elegante para los economistas pero es la única métrica que importa si el objetivo real es transformar y no solo administrar. La contradicción final está en el tiempo porque transformar toma años pero el sexenio se acaba en meses y el vestigio neoliberal lo sabe, su táctica ya no es el golpe de Estado, su táctica es el desgaste, que la maquinaria se atore, que el ciudadano se impaciente y que al final la gente diga que todos son iguales, si logran eso ganan sin mover un dedo.
3. Consideraciones finales.
La 4T llegó para quedarse pero todavía no se ha instalado por completo, quedarse significa que el principio rector por el bien de todos primero los pobres ya cruzó la línea y no hay fuerza política que lo pueda sacar de la discusión pública porque nadie hoy se atreve a decir abiertamente que los pobres no importan, instalarse significa que los procedimientos, las leyes secundarias, los manuales y la cultura burocrática ya operen de forma natural bajo esa lógica y en eso vamos a la mitad del camino, se ganó la batalla del principio pero falta ganar la batalla del procedimiento y esa es más larga y más silenciosa.
El verdadero enemigo de la transformación ya no es el político de oposición que hace rueda de prensa, el enemigo real es la simulación, es el funcionario 4T de discurso pero neoliberal de práctica, el que en la reunión firma el documento de austeridad republicana con una mano y con la otra mantiene diez asesores, camioneta blindada y viáticos sin comprobar, el que inaugura con bombo y platillo el programa de bienestar pero en su oficina atora los apoyos porque falta el formato F-27 bis en original y tres copias, contra ese funcionario no hay ley que alcance si no hay convicción ética porque la ley castiga el robo pero no castiga la desidia disfrazada de legalidad.
La tarea pendiente para 2026-2030 si hay continuidad de proyecto es pasar de la etapa de resistencia a la etapa de consolidación, resistir fue evitar que regresaran los de antes y consolidar es dejar amarrada una nueva forma de administrar, eso exige una Ley General de Administración Pública del Bienestar y no solo reformas aisladas cada sexenio, exige formar cuadros nuevos desde la ENAP, desde las universidades públicas y desde el propio servicio, exige entender de una vez que transformar el Estado es tan complejo y estratégico como ganar una elección presidencial, tal vez más complejo porque ganar una elección dura una noche pero transformar una burocracia dura generaciones.
La 4T ya demostró con hechos que sí se puede gobernar distinto en México; ahora el reto histórico es demostrar que también se puede administrar distinto. Mientras el país discute si el modelo funciona o no, el vestigio neoliberal apuesta a que la burocracia lo entierre por dentro. La disputa central ya no está en las urnas, sino en cada escritorio público, en cada ventanilla y en cada trámite. Ahí se decide si prevalece la lógica del derecho o la del formato anquilosado. Ni un trámite más sin sentido ni un derecho menos por burocracia.




