POR ING.HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Durante décadas, los grandes medios de comunicación en México se vendieron como guardianes de la democracia, como voces imparciales capaces de señalar los abusos del poder. Pero la historia terminó desnudándolos.
Mientras millones de mexicanos sufrían pobreza, corrupción y violencia, muchos periodistas famosos callaban, negociaban o simplemente repetían la versión oficial que convenía a los grupos políticos y económicos que financiaban sus espacios.
Hoy vivimos una época distinta.
La nueva generación ya no consume información como antes. Ya no creemos ciegamente en el conductor elegante del noticiero ni en el columnista que durante años habló desde un pedestal moral mientras ignoraba el dolor del país. Las redes sociales, la tecnología y la inteligencia artificial cambiaron el juego.
Ahora cualquier ciudadano puede contrastar datos, analizar discursos, descubrir contradicciones y exhibir montajes en cuestión de minutos. Eso es precisamente lo que más incomoda a ciertos medios: perdieron el monopolio de la verdad.
Antes podían construir héroes y destruir enemigos desde la televisión o los periódicos; hoy millones de jóvenes cuestionan cada narrativa usando herramientas digitales, análisis de datos e inteligencia artificial para detectar manipulación, campañas coordinadas y noticias disfrazadas de opinión.
Pero esta revolución tecnológica también exige responsabilidad.
La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta para democratizar la información o en un arma de propaganda masiva.
Por eso nuestra generación tiene una obligación histórica: no repetir el fanatismo del pasado.
Ni creerle ciegamente al gobierno ni obedecer automáticamente a los medios tradicionales.
México necesita periodistas valientes, no celebridades políticas disfrazadas de comunicadores.
Y necesita jóvenes preparados tecnológicamente para defender la verdad con pensamiento crítico, memoria histórica y conciencia digital. Porque en el siglo XXI, manipular ya no es tan fácil; el pueblo aprendió a observar detrás de la pantalla




