
El Zancudo. Por: Arturo Soto
Una Lorenia Valles mucho más madura, serena, consciente del paso que ya dio hacia la posibilidad de abanderar la propuesta de Morena y aliados rumbo a la sucesión gubernamental 2027, fue la que vimos en la comparecencia de ayer ante el Colectivo de Reporteros Sonorenses, un espacio nada cómodo si se considera que hubo dardos envenenados dirigidos a hacerla trastabillar o amarrarle navajas adentro y afuera de este proceso en el que está en juego no solo la gubernatura, sino la continuidad de un proyecto que a querer y no, modificó la muy larga historia del bipartidismo en Sonora.
Con más de 508 mil votos a cuestas de su responsabilidad, la senadora superó, como cabeza de la fórmula de Morena a la Cámara Alta, por más de 200 mil votos al presunto mejor cuadro que pudo presentar la alianza PRI-PAN-PRD, el ex gobernador Manlio Fabio Beltrones, al que apenas le alcanzó para un escaño plurinominal.
Aquel 2024 Manlio venía con toda la leyenda que le acompaña, soplando sobre las brasas de un PRI que resultó ser puro humo. Afianzaron su voto duro, sí. Nutrido, sí. Pero insuficiente para aplicarle una técnica de Recuperación Cardio Pulmonar a un partido que hoy casi suplica, de hinojos, por el favor del PAN -al que infiltró, golpeó, ninguneó y desarticuló durante su sexenio- en aras de mantener, más que posiciones de poder, el registro como partidos.
Dato mata relato. El PRI y el PAN perdieron más de 500 mil votos entre 2015 y 2018 y todos esos votos se fueron a Morena. Por la marca, por los programas sociales, por el hartazgo, por lo que el estadístico lector, la contable lectora quieran, pero todavía en 2024, Lorenia Valles como cabeza de fórmula en la candidatura de Morena al Senado le dio una pela al PRIAN. Pocos años atrás, esto hubiera sido como si Cabo Verde le ganara a Alemania por, digamos, 6 a 1.
Con esa responsabilidad carga ahora Lorenia Valles, apuntada ya para ser electa coordinadora del Comité de Defensa de la Transformación (eufemismo para evitar nombrarla candidata) y no la tiene fácil.
La leyenda urbana dice que es más difícil ganar la contienda interna que la constitucional, porque para lo primero tiene que superar en las encuestas, en las mesas políticas y en el complicado tablero donde juegan los principales protagonistas de la nueva hegemonía a quienes también han levantado la mano y se están disputando con todo, la candidatura.
Y cuando digo con todo, es con todo.
Lorenia llenó la Arena Sonora en Hermosillo y le faltó espacio para aglutinar sus bases de apoyo. Su principal competidor dentro de Morena está preparando un magno evento en Ciudad Obregón, en el que se presume, echará toda la carne al asador. Hablamos de Javier Lamarque Cano, al alcalde cajemense que no tiene mucho qué presumir en un municipio desolado por la inseguridad, la ruina y la ausencia de obras que siquiera aspiren a volver a aquella ciudad joven y moderna, pero que -dicen- trae la bendición de la presidenta Sheinbaum porque se conocieron en aquellos días aciagos en que Morena ni siquiera existía, y lo que había era la resistencia contra el fraude electoral.
Se espera que Lamarque llene el lugar donde está convocando para su evento de cierre de campaña, y se presume que también echará la casa por la ventana, nomás para confirmar que la cándida Judith Armenta, dirigente estatal de Morena, tenía razón cuando hace meses adelantó que la contienda interna era entre dos: Lorenia y Javier.
Hay otros aspirantes: María Dolores del Río, que antier me dijo que no convocaría a multitudes porque se va a mantener fiel al principio de la austeridad republicana; Froylán Gámez, que quiere, pero no puede; Célida López, que fiel a su estilo, se muere en la raya, y Heriberto Aguilar, que quiere ser candidato a la gubernatura o a la diputación federal, o a la coordinación de la campaña de Lamarque o a la alcaldía de Guaymas y si ya las cosas no se dan, pues mínimo a Rey Feo del Carnaval…
Obviamente esto es un sarcasmo, porque el senador es uno de los personajes más cercanos, queridos y apapachados por el gobernador Alfonso Durazo, que le ha perdonado todo, hasta sus titubeos de ingeniero en el cálculo de metros cuadrados, hectáreas y minucias de esas.
Pero bueno, estamos agarrando mucho monte, así que mejor se las voy a resumir, dicho esto con el debido respeto y el inopinado albur: Lorenia Valles se confiesa nerviosa, niega que el proceso interno en Morena sea solo un acto protocolario o un formalismo y asegura que al final, prevalecerá la unidad en torno a quien resulte electo.
En este encuentro le pregunté si el episodio Rocha Moya y todas sus secuelas impactarían el resultado electoral 2027 y, serena, respondió que su partido tiene ante sí el reto de endurecer los filtros para evitar que se cuelen personajes de dudosa honorabilidad, porque lo que se está disputando no son los intereses personales, sino la viabilidad de un proyecto de nación en el que ella está comprometida desde sus tiempos mozos.
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