POR ING.HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Durante décadas, México apostó gran parte de su futuro económico a la integración comercial con América del Norte.
El TLCAN primero y el T-MEC después lograron atraer inversiones, multiplicar exportaciones y convertir al país en una potencia manufacturera.
Sin embargo, la pregunta que hoy formulan miles de jóvenes es tan sencilla como incómoda: si exportamos tanto, ¿por qué seguimos arrastrando tantos rezagos?
La respuesta es que un tratado comercial nunca fue una estrategia de desarrollo nacional. Fue un instrumento de certidumbre económica.
Funcionó para atraer capital, pero jamás estuvo diseñado para resolver problemas como la desigualdad, la inseguridad, la debilidad educativa o la falta de innovación tecnológica.
La nueva generación lo entiende mejor que nadie.
Los jóvenes que crecieron con inteligencia artificial, acceso global al conocimiento y herramientas digitales observan un mundo donde las naciones exitosas ya no compiten únicamente por mano de obra barata, sino por talento, ciencia, tecnología y creatividad.
Mientras la política tradicional continúa discutiendo el pasado, la revolución tecnológica ya está transformando el futuro.
La inteligencia artificial está redefiniendo empleos, industrias y modelos de negocio.
En este nuevo escenario, el verdadero riesgo para México no es perder un tratado comercial, sino perder la oportunidad de formar el capital humano capaz de liderar la economía del conocimiento.
La discusión nacional debería cambiar de enfoque. Menos dependencia emocional de las negociaciones externas y más atención a las decisiones internas.
Energía suficiente, educación de calidad, infraestructura moderna, seguridad jurídica y una apuesta decidida por la innovación.
El desafío de México no es salvar el tratado. Es construir las condiciones para aprovecharlo plenamente.
La prosperidad sostenible no llegará desde Washington ni desde una mesa de negociación internacional.
Llegará cuando el país comprenda que el recurso estratégico más importante ya no es el petróleo ni la manufactura: son sus jóvenes, potenciados por la inteligencia artificial y preparados para competir en el mundo que viene.




