POR ING HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
Toda sociedad enfrenta un momento decisivo en el que debe preguntarse quién conquistará el corazón y la inteligencia de sus jóvenes.
Ese momento ha llegado para México.
No se trata únicamente de una disputa electoral; es una batalla moral entre la esperanza y el desencanto, entre la construcción del bien común y la seducción del poder fácil.
Cuando la política deja de inspirar, otros ocupan ese espacio.
La delincuencia organizada no solo recluta manos; recluta identidades.
Ofrece pertenencia donde el Estado ofrece indiferencia, reconocimiento donde la sociedad responde con abandono y una falsa promesa de éxito donde la educación y el empleo llegan tarde o nunca llegan. Esa es la tragedia que ningún gobernante debería ignorar.
La neurociencia aporta una lección invaluable: el cerebro de los jóvenes busca propósito, reconocimiento y sentido de pertenencia.
Quien comprende esta realidad entiende que la mejor política de seguridad comienza mucho antes que las patrullas y las cárceles.
Comienza en las aulas, en los laboratorios, en los centros culturales, en las canchas deportivas y en los espacios donde florecen la creatividad y el liderazgo.
Los políticos están llamados a dejar de administrar problemas para comenzar a sembrar oportunidades.
México posee una generación brillante de ingenieros, científicos, emprendedores, artistas y universitarios que espera ser convocada para diseñar soluciones y no únicamente para escuchar promesas.
Gobernar también significa descubrir talento, confiar en él y abrirle las puertas de la responsabilidad pública. La política recuperará su prestigio cuando vuelva a convertirse en una escuela de servicio y no en una carrera de privilegios.
Ninguna obra material será más importante que formar ciudadanos libres, críticos y comprometidos con su nación. Porque un país no asegura su futuro cuando construye más edificios, sino cuando logra que sus jóvenes crean que vale la pena construir su patria.
Allí comienza la verdadera grandeza de un gobierno y la única victoria que el tiempo jamás podrá derrotar. “El futuro de una nación no se mide por la riqueza que acumula, sino por la esperanza que despierta en sus jóvenes.



