Por David Parra
Por contradictorio que pueda resultar, cuando Eduardo Bours era gobernador en Sonora y en mi caso militaba en la oposición desde una postura muy crítica frente a su gobierno, mi opinión personal hacia este controvertido y entonces atrabancado gobernante, así como respecto de su señora esposa, Lourdes Laborín, era de una gran aprobación por su sensibilidad y autenticidad por la constante construcción de bienes sociales, un marcado interés por la niñez y las personas en condición vulnerable, importantes proyectos de desarrollo para el estado y la verticalidad en su liderazgo. Esto coexistía con aquellas cosas con las que entonces, y posiblemente hoy no estaría de acuerdo, pero ni el ex gobernador es hoy el mismo y tampoco yo fumo de la misma que entonces.
Él mismo lo decía ayer, lo otro fueron errores y excesos, pero aún no conozco un solo gobernante que en menor o mayor medida no los tenga o haya cometido. Para mi su gobierno ha sido uno de los mejores, por más lata o incomodidades que le haya dado desde mis propios errores o aciertos como opositor.
El encuentro que sostuvimos en la mesa Libre Expresión del Hotel Voco la mañana de ayer junto con mis compañeros columnistas, opinólogos y comentócratas, fue de una especie de divertido reencuentro entre viejos conocidos a los que el tiempo acercó en visión y coincidencias.
En estos vertiginosos tiempos donde la política suele medirse por la inmediatez de las redes sociales y la estridencia del discurso, resulta interesante escuchar a alguien que ya no tiene una aspiración personal inmediata, ni por ganar o conservar un cargo público. Esa circunstancia, más que la nostalgia por otras épocas, fue probablemente el mayor valor de la conversación sostenida la mañana de ayer con el exgobernador Eduardo Bours Castelo.
Con más coincidencias que divergencias con sus planteamientos, el encuentro dejó en el aire una constante: la insistencia en mirar los problemas estructurales del país sin reducirlos a la disputa cotidiana entre oficialismo y oposición. Una nítida visión de estadista.
Uno de los aspectos que más llamó mi atención fue su reflexión sobre la pérdida de los contrapesos sociales. Bours sostuvo que buena parte de las organizaciones empresariales dejaron de ejercer su papel crítico frente al poder público para privilegiar una relación de conveniencia y subordinación con los gobiernos. La observación trasciende al sector privado; abre una discusión sobre el papel que deben desempeñar las instituciones intermedias en cualquier democracia. Cuando desaparecen las voces independientes, el debate público inevitablemente se atomiza tolerando la ideología subyugante sobre las causas auténticas.
En el terreno económico, el exgobernador planteó una preocupación que difícilmente puede ignorarse. México enfrenta el reto de encontrar un equilibrio entre la política social y la inversión productiva. No se trata de cuestionar la necesidad de apoyar a los sectores más vulnerables, sino de preguntarse si el país está construyendo las condiciones para sostener ese esfuerzo durante las próximas décadas. Infraestructura, salud, educación y estabilidad financiera forman parte de una misma ecuación que exige visión de largo plazo más que decisiones de coyuntura.
Su diagnóstico sobre la seguridad pública fue igualmente directo. La violencia, la impunidad y el fortalecimiento del crimen organizado dejaron de ser problemas exclusivos de determinadas regiones para convertirse en factores que condicionan el desarrollo económico y la confianza institucional. El mensaje de fondo fue que ninguna estrategia de crecimiento será suficiente mientras el Estado no recupere plenamente su capacidad para garantizar legalidad y certeza jurídica.
En materia política, afirmó que la oposición difícilmente podrá construir una alternativa competitiva si basa toda su estrategia en el rechazo al oficialismo. La historia reciente de Coahuila, por ejemplo, parece respaldar esa premisa: las elecciones suelen ganarse cuando se ofrece un proyecto convincente, no únicamente cuando se critica al adversario. De igual manera, sostuvo que la reconstrucción de los partidos tendrá que surgir desde los estados y municipios, donde todavía existe contacto directo con la ciudadanía y capacidad para formar nuevos liderazgos.
Quizá uno de los planteamientos más relevantes fue su insistencia en fortalecer la visión regional del desarrollo. Sonora representa un ejemplo claro de cómo la competitividad depende de decisiones que van desde la infraestructura y la logística hasta la seguridad, la energía y la relación económica con Estados Unidos. En ese contexto, la revisión permanente del T-MEC, la incertidumbre comercial y la necesidad de ofrecer certidumbre a la inversión dejan de ser temas exclusivamente nacionales para convertirse en asuntos que impactan directamente a la economía sonorense.
La experiencia no convierte automáticamente a nadie en dueño de la verdad. Sin embargo, sí proporciona perspectiva para distinguir entre los problemas pasajeros y aquellos que terminan definiendo el rumbo de un país. Esa fue, quizá, la principal aportación del exgobernador durante la conversación: colocar sobre la mesa temas que trascienden el calendario electoral y obligan a pensar en el México de los próximos años.
En una época donde el debate suele agotarse en descalificaciones, escuchar argumentos sustentados en la experiencia de gobierno sigue siendo un ejercicio útil. Porque las sociedades avanzan cuando son capaces de discutir ideas, contrastar diagnósticos y construir soluciones, incluso cuando provienen de voces que ya no ocupan el centro del escenario político. Y en ese terreno, Eduardo Bours dejó claro que tiene mucho que aportar a la conversación pública.
Como cereza del pastel, además de la incuestionable calidad de su exposición con ese estilo diáfano que le caracteriza para moverse como pez en el agua en cualquier ambiente, nos compartió su decisión de reactivarse en las tareas de su partido al que considera la mejor alternativa social, como eje articulador de una oferta de gobierno equilibrada, con contenido y constructora de tangibles que rebasan las fobias ideológicas y ponen en el centro de su esencia las causas de la sociedad.
May be, pero hay historia que no ha pasado y ahí ha quedado, tal como la factura social venida a hará kiri que le cobrara en su momento al partidazo como para hoy admitir que éramos felices y no lo sabíamos, pero hay que decirlo, ni tanto, pero si lo suficiente como para entender que estábamos autoengañados al negarnos a ver las señales, cegados por el enojo de los agravios de los malos gobiernos de entonces que resultaron para cruel decepción, mucho mejores que los recientes.
De eso va la contradicción dialéctica… Hoy la premisa es volver al punto de partida, si no hay de otra, vaya ironía.
@dparra001




