Las tormentas de arena que cubrieron el área de Phoenix con una densa bruma esta semana estuvieron entre las más intensas que hayan azotado la región en años, indicaron hoy científicos.
Las polvaredas -llamadas haboobs- se producen en todo el suroeste de Estados Unidos cuando fuertes corrientes descendentes de tormentas eléctricas levantan polvo y tierra sueltos, que luego son arrastrados por el viento por delante del frente de tormenta que se aproxima.
Pueden generar enormes muros de polvo y escombros que ciegan a los conductores y hacen enfermar a las personas.
La tormenta más reciente llegó durante las primeras horas de hoy, tres días después de que la otra impactara.
No hubo reportes de efectos significativos, aunque ambas tormentas redujeron la visibilidad a unos 800 metros.
“Por suerte, ambas ocurrieron cuando ya era muy noche, así que había menos tráfico en las carreteras”, apuntó Matt Salerno, meteorólogo del Servicio Meteorológico Nacional en Phoenix.
Ambas polvaredas fueron eventos extremos de Categoría 5 en una escala de severidad de tormentas de arena, con enormes concentraciones de polvo y vientos de aproximadamente 80 kilómetros por hora, según investigadores de la Universidad Estatal de Arizona, que ayudó a desarrollar la escala.
La escala -dada a conocer este año- se elaboró con datos que se remontan a 2010.
“Que se produzcan tormentas de polvo de Clase 5 una tras otra con apenas unos días de diferencia no tiene precedentes en nuestros registros”, observó Randall Cerveny, profesor de la Escuela de Ciencias Geográficas y Planificación Urbana de la Universidad Estatal de Arizona.
“No vemos eso”.Fueron apenas la quinta y la sexta tormentas de polvo en los últimos 16 años en alcanzar la Categoría 5, le dijo Cerveny a The Associated Press en una entrevista telefónica.
Hizo notar que la región de Phoenix ha estado más seca de lo normal, lo que puede aumentar la cantidad de polvo que se levanta.
Algunos científicos han indicado que el cambio climático causado por el ser humano incrementa las probabilidades de que haya sequías severas y tormentas más intensas, lo que podría preparar el terreno para tormentas de arena más fuertes en el futuro.
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