Mtro. Jesús Antonio García Ramírez Politólogo
1. Consideraciones previas
La Comisión Estatal de Derechos Humanos en Sonora ha cumplido una etapa histórica importante en la consolidación de la cultura de la legalidad y la defensa de las garantías básicas. Su trabajo ha permitido abrir camino en un contexto complejo y ha sentado bases institucionales que hoy es necesario reconocer.
Sin embargo, como toda institución del Estado, enfrenta el desafío natural de actualizarse frente a una realidad social que ha cambiado de manera profunda. La vulneración de derechos hoy ya no se presenta solo como un acto aislado de autoridad, sino como una condición estructural vinculada a la precariedad, a la violencia de género, a la problemática de salud, a la movilidad humana y a las condiciones de vida de pueblos originarios y jornaleros agrícolas.
Ante esa nueva realidad, el modelo tradicional de atención, centrado fundamentalmente en la recepción de la queja, la integración del expediente y la emisión de la recomendación, requiere evolucionar. No se trata de señalar fallas personales, sino de entender que el diseño administrativo que fue funcional en otro momento, hoy necesita transitar hacia un diseño más humano, más cercano y más eficaz en la reparación.
2. A manera de reflexión
La propuesta de transformación que hoy requiere la CEDH no es de carácter punitivo ni de ajuste gerencial de tipo neoliberal. Es una transformación de paradigma, que pone al centro la dignidad humana y la atención efectiva.
En primer lugar, fortalecer el paso del expediente a la persona. La experiencia internacional muestra que cuando una institución de derechos humanos coloca a la víctima al centro desde el primer contacto, con escucha, contención y orientación integral, se genera confianza ciudadana. Como propone Axel Honneth, el reconocimiento es la base de la justicia. La propuesta es consolidar equipos de primer contacto multidisciplinarios, donde la atención inicial no sea solo jurídica, sino también humana y de acompañamiento, evitando que la persona sienta que su dolor se convierte en un trámite.
En segundo lugar, fortalecer el paso de la centralidad a la territorialidad. Sonora es un estado extenso, diverso y con realidades muy distintas. La tutela de derechos no puede concentrarse únicamente en la capital. Es necesario avanzar hacia un modelo de proximidad territorial, con presencia itinerante y casas de derechos humanos en las regiones, que permitan atender en su propio contexto a las comunidades, con enfoque intercultural y con perspectiva de género. Silvia Rivera Cusicanqui nos recuerda que la mejor defensa de los derechos se construye aprendiendo de las propias formas comunitarias de cuidado y organización.
En tercer lugar, fortalecer el paso de la recomendación al seguimiento de la reparación integral. La recomendación es un instrumento valioso que ha dado prestigio a las comisiones. El siguiente paso de altura es consolidar su eficacia mediante mecanismos sólidos de verificación y acompañamiento para que la reparación sea una realidad, sea atención médica, restitución, disculpa o modificación de protocolos. Nancy Fraser plantea con claridad que la justicia efectiva implica transformar las condiciones que originaron la vulneración. Ello daría mayor fuerza y credibilidad social a la institución.
Esta ruta no implica desconocer lo avanzado, implica potenciarlo. Una CEDH más territorial, más humana y más efectiva en la reparación es una CEDH más fuerte para el Estado y más útil para la sociedad sonorense.
3. Consideraciones finales
La Comisión Estatal de Derechos Humanos tiene ante sí la gran oportunidad de dar un salto de calidad histórico. No se trata de una reforma menor, se trata de construir una nueva arquitectura institucional basada en el cuidado de la vida.
Sonora requiere una institución que no solo administre quejas, sino que cuide, acompañe y repare con eficacia a los sectores más vulnerables. Una institución que sea referente de confianza porque la gente la siente cercana, humana y resolutiva.
Este planteamiento se hace en ánimo estrictamente coadyuvante, con espíritu constructivo y con vocación de aportar al fortalecimiento del Estado de Derecho en Sonora. No es un señalamiento a quienes hoy tienen la responsabilidad de conducir la institución, a quienes se les reconoce su esfuerzo en condiciones complejas. Es una invitación a pensar colectivamente el modelo de derechos humanos que Sonora necesita para las próximas décadas.
Transitar de la burocracia del expediente a la arquitectura del cuidado. De la queja a la dignidad. Esa es la transformación inaplazable y posible, en beneficio de todas y todos.




