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Home MI GUSTO ES
Con sol ganas y con águila también

Nomenclatura para una patria moderna

Miguel Ángel Avilés by Miguel Ángel Avilés
22 agosto, 2026
in MI GUSTO ES
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Mi gusto es… (o la otra mirada). Por: Lic. Miguel Ángel Avilés

Hay cosas que solamente pueden ocurrir en México.

Una de ellas es caminar por una ciudad y descubrir que la historia de la patria quedose atrapada en un directorio telefónico: Benito Juárez por aquí, Emiliano Zapata por allá, Francisco Villa más adelante, Madero, Carranza, Revolución, Independencia, 5 de mayo, 20 de noviembre…sígale usted con esa lista.

Casi todos merecen una placa, sí, pero en el congreso de la unión o en un recinto oficial no en una placa de nomencladora, mohosas y defecada por los pájaros. Pero ese es otro cantar.

No tengo nada contra los próceres. Al contrario. Algunos nos dieron patria y otros, por lo menos, nos dieron estampitas para los libros de primaria y sacar la tarea diaria o de la semana. Pudiéndolos admirar, unos los odiaba.

_ Por culpa de ese pelón, aquí estoy en domingo, en esta papelería buscando su biografía.

_ Esa tal Doña Josefa Ortiz está igualita a una tía mía. Se me hace que llevaré una foto de ella, mejor.

Y suponíamos que librados esos años escolarizados, aquellos nombres de héroes y de heroínas, se volverían pasado inamovible, acaso recordables nomas un 15 de septiembre o un 20 de noviembre y ya.

El problema es que las comisiones de nomenclatura de medio México parecen tener una imaginación tan agotada que, cuando se construye una colonia nueva, lo primero que aparece no es el drenaje, ni el alumbrado, ni el pavimento: aparece Pancho Villa. Y si no es Villa, es Zapata. Y si no es Zapata, es Juárez. Es decir, una regresión cívica a huevo.

Pero con muy escasa imaginación o, de plano, un enamoramiento eterno a favor de los mismos personajes o personas con lo cual se evita que estadistas o revolucionarios modernos sean honrados por esas comisiones imperceptibles, diría clandestinas que se reúnen, proponen, discuten acaloradamente y deliberan sobre el nombre que llevará esa nueva calle, aquella colonia, este fraccionamiento, esas áreas verdes o ese parque.

En Hermosillo, por ejemplo, la función de nomenclatura no corresponde a una sola oficina; intervienen principalmente el Consejo Municipal de Nomenclatura y el Instituto Municipal de Planeación Urbana, Movilidad y del Espacio Público (Implan).

Los nombres de cada titular de estos puestos, ahí andan pero no los agrego, nomas para ver si ustedes saben quienes son, cuando se reúnen, donde podemos encontrar la lista de propuestas de hombres y mujeres para que su nombre lo designen a una calle y que tal profundas e innovadoras son esas reuniones como para suponer que sus decisiones saldrán del catálogo tradicional y repetitivo o buscarán aspirantes entre la gente común y corriente para que también puedan tener ese honor.

Si ya no quieren repetir con otra calle Aquiles Serdán, que les cuesta llamarla Felipe Ferra Gómez, señor. Si hay miles de colonias llamadas Morelos , por don José María o Guerrero por don Vicente, dos nombres de los que más se repiten según el inegi, entonces que se llamen Arturo Soto, Ricardo Solís o Miguel Ángel Avilés cuyos méritos sobran.

Qué dilema.

Para que de nuevo el favorecido sea Francisco Villa, Emiliano Zapata, Benito Juárez, o colonia Revolución o Independencia, habiendo tantos más para polemizar – como Porfirio Diaz, López de Santana, Victoriano Huerta, Maximiliano de Habsburgo o Felipe Calderón- que sonaría re bien como patronímico de una avenida.

Y si ya utilizaron a Juárez tres veces, siempre queda una cuarta colonia donde todavía cabe otro Benito, aunque sea Benito Canales, Benito Castro o Benito el de Don Gato.

Lo curioso es que México ha producido en las últimas décadas una cantidad extraordinaria de personajes públicos que también merecerían —por razones muy particulares— que sus nombres quedaran inscritos en nuestra geografía.

Así como no se vale que los triunfadores escriban la historia, tampoco se puede aplaudir que los considerados honorables y no los encarcelabres, quieran dejar constancia de quienes fuimos.

Basta ya. Reivindiquemos esos hombres y mujeres que no nos han dado patria, las calles deben reflejar nuestra historia, ofrendemos justicia a la historia reciente.Propongo, modestamente, que las comisiones de nomenclatura dejen de mirar exclusivamente hacia 1810, 1857 o 1910 y se atrevan a caminar por las páginas más recientes de nuestra vida nacional y de paso, dos que tres personajes conocidos o populares que, aunque no tengamos un negro historial político, si se nos de la oportunidad de trascender luego de haber sido siempre, unos intrascendentes.

Por ejemplo:

Avenida Javier Duarte. Podría desembocar en Boulevard César Duarte y cruzar con Calle Roberto Borge. Una zona residencial de alta plusvalía podría llamarse Fraccionamiento Fobaproa, donde las casas podrían adquirirse mediante créditos a 30 años y la factura moral quedaría a cargo de las siguientes generaciones.

Para quienes prefieran una ubicación más sonorense, estaría la Calle Guillermo Pedrés, entre Roberto Romero y Carlos Villalobos, fraccionamiento La Presa de Arizpe. Y, naturalmente, habría que reservar un pequeño circuito para quienes hicieron historia en la educación nacional: Viaducto Elba Esther Gordillo. No necesariamente por aquello de la corrupción. Dios me libre. La calumnia no es lo mío. Sería simplemente un homenaje a la capacidad de sobrevivir políticamente a casi cualquier gobierno.

Los tiempos modernos también exigen nuevas denominaciones urbanísticas. ¿Qué tal el Fraccionamiento Estafa Maestra o el complejo Ruben Rocha Moya? Ideal para familias jóvenes. Cuenta con acceso controlado, vigilancia privada y una peculiar modalidad de escrituración: nadie sabe exactamente quién pagó la casa, de dónde salió el dinero ni por qué aparece registrada a nombre de una universidad o de una fundación.

Para los amantes de la agricultura nacional podríamos inaugurar Residencial Segalmex.Un desarrollo verdaderamente incluyente, porque ahí todos tendrían derecho a preguntar dónde quedaron los millones. Este bello conjunto habitacional estaría ubicado en Prolongación Luis Echeverria Álvarez, y cerrada Ignacio Ovalle Fernández. Contiguo a esto habría la oportunidad de vivir en un lugar tranquilo y lleno de paz : Residencial Condor, de amplísimas áreas verdes como las ubicadas en la calle Alejandro Gertz Manero o callejón Manuel Bartlett entre Miguel Nazar Haro y José Antonio Zorrilla. Callejón sin salida, seria este.

Y para quienes aspiren a vivir en una zona de mayor categoría, siempre estará Privada Casa Blanca, con acceso restringido, acabados de lujo y una modesta leyenda en la entrada: “Aquí tampoco sabemos quién pagó la casa.”

Tenemos en color blanco y en gris. La primera tiene su casa modelo en Lomas de Chapultepec, la segunda se encuentra ubicada en el austero y exclusivo fraccionamiento Jacobs Reserve, en la zona de Conroe The Woodlands, en las Fueras de Houston, Texas.

Podríamos incluso incorporar nuestra memoria de las grandes tragedias nacionales. Avenida 2 de octubre, Calle 10 de junio, Andador Ayotzinapa, Circuito Acteal, Glorieta Aguas Blancas, Privada Tlatlaya, Calle Guardería ABC. Y para que nadie diga que somos partidistas, habría que distribuir equitativamente la vergüenza.

Sin distinción de partido y compañía tendrían derecho a una sección completa de la ciudad. Porque si algo ha demostrado la historia política mexicana es que la corrupción no requiere afiliación partidista. Tiene pluralidad. Tiene alternancia. Y, aparentemente, hasta derecho de franquicia (ya iba a decir de plaza).

También podríamos actualizar nuestro calendario urbano. Ya tenemos 5 de mayo, 16 de septiembre y 20 de noviembre. ¿Por qué no incorporar algunas fechas que nos recuerden aquellas otras páginas que preferiríamos arrancar de la historia? 2 de octubre, 10 de junio,19 de septiembre de 1985,28 de junio de 1995.22 de diciembre de 1997,5 de junio de 2009, 26 de septiembre de 2014.

Fechas para recordar. O, si se prefiere, fechas para no olvidar por qué tenemos que recordar.

Pero la propuesta más ambiciosa sería cambiar incluso la conversación cotidiana.

—¿Y dónde vives?

—En privada de Atlacomulco número 49 esquina, entre Lenia Batres y Layda Sansores . —¿Y la colonia?

—Insabi

—¿Ah, ¿sí? ¿La que está junto a la invasión La Farmaciotota?

—Esa mera.

—¿Y cómo llego?

—Te vas por, das vuelta en Casa Blanca y sigues derecho hasta Odebrecht.

—¿Y no hay otra ruta?

—Sí. Por Real de Noroña.

—No, gracias. Mejor me voy por el boulevard Transformación.

Y ahí estaría precisamente el problema.

Que quizá seguimos necesitando a Revolución, a Independencia, a Juárez, a Madero, a Villa y a Zapata.

Pero también necesitamos dejar de borrar de la memoria aquello que nos avergüenza.

_ ¿Qué le pasó, amigo?’

_ Robaron en mi casa

_ ¿Quienes?

_ Lo ignoro. Ninguno se identificó ni dejó su INE.

_ ¿Y no hay cámaras?

_ Sí. y ahí se ve todito. Llenaron maletas y maletas de lo que había.

_ ¿Cómo eran?

_ Uno casi no se ve. El otro llevaba traje, lentes. Hasta unas ligas que estaban en la mesa se echó a la bolsa.

_ ¿Dónde me dice que viven?

_ Avenida Dolores Padierna entre Rene Bejarano y Carlos Imaz. Fraccionamiento Carlos Ahumada.

Todo esto a mí me asusta.

Porque una sociedad que solamente pone nombres de héroes en sus calles puede terminar creyendo que solamente ha producido héroes. Y México no ha sido eso. México también ha producido corruptos, saqueadores, represores, gobernadores perseguidos, funcionarios encarcelados, empresarios favorecidos, escándalos monumentales y tragedias que todavía no terminamos de explicar.

No se trata, por supuesto, de homenajearlos. Se trata de algo mucho más incómodo: de no olvidarlos. Porque quizá una calle llamada Manuel Espino no sería un homenaje. Sería una advertencia. Y una colonia llamada Dos Bocas podría tener un letrero a la entrada: “Aquí vivimos. Y aquí no queremos que vuelva a pasar.”

Aunque, pensándolo bien, seguramente alguna comisión de nomenclatura terminaría cambiándole el nombre. Por seguridad. No vaya a ser que alguien se ofenda. O peor: que alguien se acuerde que vivimos en México y como México, no hay dos 

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