México mantuvo en julio de 2026 una tasa de desocupación de 2.9%,prácticamente estable respecto al 2.8% registrado un año antes, pero el dato pierde fuerza cuando se observa la calidad del empleo: la tasa de condiciones críticas de ocupación aumentó de 37.3% a 38.9% en el mismo periodo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi.
El mercado laboral registró 60.8 millones de personas ocupadas, prácticamente el mismo nivel de julio de 2025, con una reducción anual de 45 mil personas. La tasa de desocupación, por su parte, aumentó apenas una décima de punto porcentual.
El comportamiento muestra que el principal desafío no se encuentra actualmente en una pérdida masiva de puestos de trabajo, sino en las condiciones bajo las cuales una parte importante de la población está trabajando.
La informalidad laboral se ubicó en 56.2% de la población ocupada, prácticamente sin cambio frente al 56.1% de julio de 2025. Esto significa que más de la mitad de los trabajadores se encuentran vinculados a actividades laborales informales bajo la definición de Inegi.
Sin embargo, dentro de ese universo se observa un movimiento distinto: la tasa de ocupación en el sector informal aumentó de 29.9% a 31.1%, un incremento de 1.2 puntos porcentuales en un año.
La diferencia entre ambos indicadores es relevante. La informalidad laboral incluye tanto a trabajadores que laboran en unidades económicas informales como a personas que, aun trabajando para empresas formales, carecen de determinadas condiciones de protección laboral. Por ello, no deben considerarse conceptos equivalentes.
MENOS SUBOCUPACIÓN
Otro indicador mostró una evolución favorable: la subocupación disminuyó de 7.3% a 6.7% entre julio de 2025 y julio de 2026. La población subocupada fue de 4 millones de personas, 421 mil menos que un año antes.
La subocupación comprende a las personas que tienen necesidad y disponibilidad para trabajar más horas de las que actualmente laboran.
Pero esa reducción coexistió con el aumento de las condiciones críticas de ocupación, que pasó de 37.3% a 38.9%. Este indicador considera situaciones relacionadas con jornadas laborales extensas y niveles de ingreso insuficientes, entre otros componentes establecidos por la metodología de Inegi.
El resultado es una señal contradictoria: menos trabajadores reportan necesidad de laborar más horas, pero una proporción mayor permanece en condiciones consideradas críticas por la metodología estadística.
GANA TERRENO EL SALARIO
La estructura de la población ocupada también registró cambios.
Los trabajadores subordinados y remunerados aumentaron en 237 mil personas, mientras los trabajadores por cuenta propia crecieron en 212 mil. En contraste, los empleadores disminuyeron en 75 mil y los trabajadores no remunerados se redujeron en 419 mil.
El trabajo asalariado, por tanto, continúa ganando participación dentro de la estructura ocupacional. La tasa correspondiente pasó de 64.9% a 65.4% en un año.
El dato de los empleadores merece seguimiento: la reducción de 75 mil personas en esa categoría no implica por sí misma una contracción empresarial, pero sí muestra que el crecimiento del empleo no está acompañado de un aumento equivalente en el número de personas clasificadas como empleadoras.
La distribución por nivel de ingresos muestra un desplazamiento hacia los rangos de hasta dos salarios mínimos.
El dato:
Los servicios concentran la mayor proporción del empleo nacional, con 43.8% de la población ocupada, seguidos por comercio, con 19.6%, y manufactura, con 15.9%. La composición sectorial muestra así que el mercado laboral continúa desplazándose entre actividades, sin que el número total de ocupados registre una expansión significativa.




