POR ING. HÉCTOR CASTRO GALLEGOS
La humanidad está entrando en una nueva etapa histórica. Así como la agricultura transformó las primeras civilizaciones y la industria cambió la economía mundial, la revolución tecnológica está modificando la manera en que vivimos, trabajamos y tomamos decisiones.
México no puede observar este cambio desde la distancia; debe convertirse en protagonista. La realidad política de México exige una visión de largo plazo.
Los países que lideren las próximas décadas serán aquellos que desarrollen conocimiento, formen talento y construyan instituciones capaces de adaptarse a una transformación permanente. La tecnología será una ventaja para quienes sepan utilizarla, pero una amenaza para quienes permanezcan inmóviles.
Los jóvenes mexicanos serán la generación que definirá el lugar del país en esta nueva era. Su preparación en ciencia, inteligencia artificial, innovación, ingeniería y humanidades será determinante para construir una nación competitiva y con mayores oportunidades.
Pero la civilización tecnológica no debe significar una sociedad más fría o distante.
El verdadero progreso será aquel que combine la velocidad de las máquinas con la profundidad de los valores humanos.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a resolver problemas, pero la solidaridad, la justicia y la ética seguirán siendo responsabilidades exclusivamente humanas.
México tiene talento, creatividad y una juventud capaz de competir con cualquier nación del mundo. Lo que necesita es una visión de Estado que convierta ese potencial en una estrategia nacional de desarrollo.
El futuro no pertenece solamente a quienes crean nuevas tecnologías, sino a quienes tienen la sabiduría para utilizarlas al servicio de la humanidad.
Pensamiento para la juventud: Las naciones que dominarán el futuro no serán las que tengan más recursos, sino las que conviertan el conocimiento de sus jóvenes en la fuerza más poderosa para transformar su historia




