Mtro. Jesús Antonio García Ramírez . Politólogo
1. Consideraciones previas
La transformación avanza en Sonora. Hay gobierno, hay rumbo y hay una mayoría social que respalda el cambio. Pero toda transformación profunda enfrenta un reto cultural: superar la forma en que aprendimos a hacer política durante décadas. Esa vieja forma no se fue con una elección, sigue instalada como práctica en todos los partidos sin excepción. Observarla a tiempo no es dividir, es construir con bases más firmes.
2. A manera de reflexión
En términos politológicos, todo régimen produce una cultura política. La cultura del viejo régimen nos dejó tres retos que siguen operando en Sonora.
El primer reto es superar la visión gerencial de la política. Su origen es ideológico. Entre 1982 y 2018 se instaló que gobernar era administrar y que el ciudadano era cliente. Su lógica es tecnocrática: privilegia el indicador sobre la organización y el organigrama sobre la asamblea. Su impacto es que despolitiza. Forma administradores pero no forma sujetos políticos. Un gobierno que no forma conciencia solo administra demandas. Y lo que solo se administra no genera comunidad duradera.
El segundo reto es superar el marketing como sustituto del territorio. Su origen es la americanización de las campañas en los 90, donde la imagen sustituyó al programa. Su lógica confunde alcance con arraigo. Cree que un video viral y una encuesta equivalen a estructura. Su impacto es el vacío. Tiene presencia en redes pero no tiene defensa de casilla en el distrito rural ni diálogo con la autoridad tradicional. En Sonora la política sigue pasando por la asamblea ejidal y la colonia sin agua. Sin tierra no hay permanencia.
El tercer reto es transitar de la negociación de posiciones a la construcción de conciencia. Es el más profundo porque articula a los dos anteriores. Su origen está en el sistema corporativo donde el capital político se medía por capacidad de acarreo para negociar espacios en mesas cerradas. Esa escuela no se rompió en 2018, se recicla en todos lados. Su lógica produce dos lealtades distintas. La negociación produce lealtad transaccional: frágil y condicionada. Te sigo mientras me sirve el arreglo. Cuando se rompe, se migra con gente como patrimonio, de ahí el chapulineo. La construcción de conciencia produce lealtad histórica. Como explica Freire, no deposita consignas, construye con la gente el sentido de su realidad para que deje de ser objeto y se vuelva sujeto. Como explica Gramsci, eso es hegemonía: un nuevo sentido común donde el pueblo se asume protagonista. Su impacto de cara al 2027 es medible. Sonora tiene 1,692 secciones electorales. Con el modelo de negociación tendremos 1,692 comités de papel que aparecen para la foto cada tres años. Con el modelo de conciencia, con tarea concreta de visitar diez casas por comité, tendremos 1,692 núcleos de organización. Uno usa al pueblo para llegar al cargo, el otro usa el cargo para organizar más pueblo. Formar no es adorno ético, es condición de sustentabilidad.
3. Consideraciones finales
El 2027 no lo define quien levanta la mano primero, sino quien hace el trabajo de conciencia primero. Sonora no necesita solo expertos en imagen ni negociadores de posiciones, necesita constructores de territorio. Volver a lo básico: a la sección, a la asamblea, a la formación. Ganar votos es importante. Hacer conciencia es lo que hace permanente la victoria.


